PULSO MICHOACANO

Con sello y todo: Michoacán protege lo suyo pa’ que no se lo fusilen

Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 4 de octubre de 2025.– En tiempos donde cualquiera se siente artista y hasta los piratas hacen negocio con lo ajeno, la Secretaría de Cultura de Michoacán salió a decir “¡ya basta!”. Y es que las famosas Indicaciones Geográficas llegaron al rescate para ponerle nombre y apellido a los productos que nacen del talento y los saberes del pueblo michoacano.

Según la Secum, este rollo legal sirve pa’ que no anden robando ideas ni se hagan pasar por los creadores de las catrinas de barro de Capula o el cobre martillado de Santa Clara del Cobre. Con el respaldo del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), se busca proteger lo que en realidad es patrimonio del barrio, de la comunidad, de la gente que suda y le raspa al oficio desde hace generaciones.

El asunto no es solo de orgullo, sino de lana también. Con esta protección, los artesanos y productores pueden evitar que les bajen la chamba o les copien los diseños pa’ venderlos más baratos en otros lados. Es, digamos, una forma elegante de decir: “esto es nuestro, compa, y si quiere venderlo, páguenos lo justo”.

Ejemplos sobran. Ahí está la charanda de Uruapan, que ya tiene Denominación de Origen y no cualquiera puede ponerle ese nombre a su aguardiente. O las catrinas de Capula, que se convirtieron en símbolo de identidad y resistencia frente a los que solo ven negocio donde hay tradición.

Y si eso fuera poco, el Inegi reporta que más de 130 mil personas todavía hablan lengua indígena en Michoacán, lo que demuestra que las raíces siguen vivas y que los oficios, la música y las artesanías tienen quien los defienda.

Así que, entre tanto “progreso” y modernidad de plástico, las Indicaciones Geográficas vienen a recordarnos que lo hecho en Michoacán no se copia, se respeta. Y que si alguien quiere andar de vivo, primero tendrá que vérselas con la ley… y con el orgullo de todo un pueblo.