PULSO MICHOACANO

Sheinbaum niega que carteles paguen por rafaguear agentes del ICE

Por M. Angel Villa Juárez

Morelia, Mich. 15 octubre 2025.- A ver, párenle el tren y pónganse truchas, que aquí viene el despapaye de la semana. Resulta que los gabachos andan hechos un chorizo porque, según ellos, los meros meros del crimen organizado en México están soltando la lana como para echar la carnada: hasta 50 mil varos por darle cuello a un jefe del ICE, el pinche migra gringo.

Pero ¡aguas!, porque llegó la jefa Claudia Sheinbaum y les bajó los humos en su mañanera. Con toda la calma, como si le platicara al vecino, la mandamás soltó que le echó un grito a su propio halcón, el señor García Harfuch, y resulta que de eso… ¡nada de nada! “No hay información”, dijo la doña, tirándole un buen quiebre a los del otro lado.

O sea, los del Departamento de Seguridad Nacional de los Yunaites andan con el ojo cuadrado, diciendo que hay una red que ya hasta tiene su tarifario para hacerle la barba a los agentes: 2 mil dólares por chismear datos de un migra, de 5 a 10 mil por darle una madriza o levantarlo, y los 50 mil bolas grandes por mandarlo al hoyo si es un mando alto. Pura contabilidad del mal.

Y para rematarla, los gringos aseguran que hasta tienen compinches en Chicago, con los Latin Kings y otras gangas, parados en las azoteas de los barrios como Pilsen, echando el ojo con radios y cuetes para avisar cuándo cae la migra. Hasta la fiscal Pam Bondi salió con que en Facebook tenían un grupito para rajar agentes, pero ya lo bajaron.

Pero aquí, en la tierrita, la presi se lleva las manos a la cabeza. “Nos enteramos por el comunicadito gringo”, confesó, y de paso soltó que por estos rumbos ni hay investigaciones abiertas de ese pedo. Nada. Cero papeles.

Mientras la secretaria gringa Kristi Noem ya le está echando flores al drama, diciendo que es una “campaña de terror” y que sus agentes aguantan emboscadas y amenazas de muerte, acá en la república la cosa huele a puro humo… o a pura pólvora que los del norte se están inventando.

Así las cosas, compadres. Unos dicen que hay recompensas que huelen a sangre, y la jefa dice que ni para los refrescos ha salido ese dinero. ¿A quién le creemos? ¿A los que traen el garrote en la mano o a la que dice que aquí no pasa nada? Ustedes tienen la última palabra, vecinos.