El pensamiento del Francotirador Judicial.
México no está en crisis: México está en implosión.
Las marchas de estos días no solo revelaron hartazgo, sino el verdadero rostro del poder: uno que reprime, desvía, manipula y se acomoda según su conveniencia. Y entre toda la violencia y la indignación, hubo hechos que jamás deben normalizarse ni olvidarse.
1. MIGUEL VILLA: HERIDO POR HACER SU TRABAJO, POR CUBRIR LA VERDAD
Nuestro compañero Miguel Villa, de Pulso Michoacano, salió lastimado por cubrir la nota periodística, por hacer lo que muchos funcionarios no hacen: enfrentar la realidad de frente.
Estaba ahí para informar, documentar y mostrar lo que el poder quiere ocultar. Y por eso, por ejercer un derecho y cumplir una obligación, terminó herido en medio del operativo.
No hubo atentado —hubo irresponsabilidad, brutalidad y un Estado incapaz de distinguir entre delincuente y periodista.
Miguel no buscó conflicto: solo buscó verdad, y la verdad, hoy más que nunca, está bajo fuego.
2. CARLOS MANZO: EL NOMBRE QUE PESA COMO PLOMO:
Decir su nombre incomoda.
Investigar su muerte molesta.
Aceptar lo evidente… eso sería dinamitar el sistema.
Todo apunta a que lo que pasó con Carlos Manzo no fue un evento aislado, no fue “un asunto personal”, no fue casualidad:
Huele a crimen de Estado.
Huele a mensaje.
Huele a que alguien decidió que un alcalde que no obedecía debía ser silenciado.
Y cuando uno pregunta quién dio la orden, quién mandó callarlo, quién decidió que Manzo estorbaba, las miradas se van al mismo lugar: al poder, ese que hoy sonríe mientras sepulta los hechos entre discursos, conveniencias y el viejo arte de desaparecer verdades.
3. LA NUEVA PRESIDENTA DE URUAPAN: MUERDE EL ANZUELO Y SE PRESTA AL CIRCO
Cuatro días después del asesinato, cuando la indignación apenas empezaba a sacudir al municipio, la nueva presidenta decidió asumir el cargo.
No por convicción.
No por oportunidad.
No por dignidad institucional.
Sino porque Morena necesitaba cerrar filas, acomodar la administración y controlar el relato. Y ella mordió el anzuelo.
Entró al recinto con el rostro desencajado, triste, visiblemente cargado de tensión, como quien sabe que el momento no es correcto, que la herida sigue abierta y que el poder la está usando como pieza en un tablero que no controla.
Y aun así —pese a la atmósfera, pese al dolor social, pese a las sospechas— aceptó ser parte del espectáculo.
Porque eso fue:
un circo político montado por la mayoría parlamentaria, una representación que no era necesaria y que, por hacerla tan rápido, deja más dudas que certezas.
¿Era indispensable asumir el cargo a cuatro días del asesinato?
Claro que no.
Pero la maquinaria del partido tenía prisa, y ella, tristemente, se prestó.
4. ¿CARPETAZO? EL MIEDO LATE ENTRE LÍNEAS
Lo más preocupante no es que aceptara el cargo.
Lo más grave es lo que la gente teme —y con razón—:
que esta jugada política sea el preludio del carpetazo al asesinato de Carlos Manzo.
Un crimen que debería investigarse de raíz, con toda la fuerza del Estado, pero que corre el riesgo de ser archivado entre simulación, declaraciones vacías y complicidades silenciosas.
Y eso es lo que más duele: que la justicia, en vez de buscarse, parece estarse enterrando.
5. Y COMO SI NO FUERA SUFICIENTE… AHORA LOS MINISTROS DE LA CORTE QUIEREN “REINVENTAR” LA COSA JUZGADA:
Porque en este país la tragedia nunca viaja sola.
Mientras el estado se incendia, mientras los periodistas enfrentan balas, mientras los ciudadanos marchan entre miedo y rabia, los ministros de la Corte decidieron mostrar su creatividad jurídica:
quitarle fuerza a la cosa juzgada.
Sí, leyó bien.
Aquello que da certeza jurídica, aquello que sostiene el orden legal, aquello que distingue a un país de un circo, ahora quieren diluirlo “por razones de humanidad, justicia y progresividad”.
Traducción real:
“Cuando no nos gusta una sentencia… la desarmamos.”
Fuerte, sarcástico y dolorosamente cierto:
Ni los magos hacen trucos tan descarados.
Con razón la gente ya no confía:
si ni las sentencias firmes son firmes,
si ni lo que ya se resolvió está resuelto,
si ni lo que se ganó puede darse por ganado…
¿qué queda?
Queda un país donde la justicia muere en Día de Muertos.
Queda un estado donde el poder calla a periodistas.
Queda un gobierno que convierte tragedias en espectáculo.
Queda un pueblo que ya entendió que la verdad tiene enemigos poderosos.
Queda una Corte que juega a modificar los pilares jurídicos como si fueran plastilina.
Si así se comporta el máximo tribunal del país, ¿qué podemos esperar del resto?
México está atrapado entre balas de goma, crímenes de Estado, operaciones políticas disfrazadas de institucionalidad y ministros que juegan con la ley como si fuera plastilina.
Por eso, hoy no queda más que decirlo sin miedo y sin anestesia:
“En un país donde el poder hiere a periodistas, calla alcaldes, manipula instituciones y reescribe sentencias, la justicia no solo murió en Día de Muertos… la están velando en Palacio.”
Francotirador Judicial.
