Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 28 diciembre 2025..- La noticia cayó como balde de agua helada: el descarrilamiento del tren Transístmico en Oaxaca dejó un saldo brutal de 13 personas fallecidas y 98 lesionadas, de las cuales 36 permanecen hospitalizadas recibiendo atención médica. El resto, aunque con golpes y el susto encima, se reporta fuera de peligro. En total, 139 personas lograron salir sin lesiones graves.
Desde la mirada ciudadana, duele y encabrona. Porque no se trata de números fríos, sino de familias rotas, de vidas truncadas en un abrir y cerrar de ojos, en un accidente que jamás debió pasar.
La Secretaría de Marina (Semar) confirmó el saldo y, mediante un comunicado, expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas. También aseguró que actuó con rapidez y que mantendrá un proceso con “responsabilidad, transparencia y apego a la ley” para atender a los afectados y esclarecer qué fue lo que falló.
Para las labores de auxilio, búsqueda y localización, la Semar desplegó un operativo grande: 360 elementos navales, 20 vehículos, cuatro ambulancias terrestres, tres ambulancias aéreas y hasta un dron táctico. Todo para rescatar, auxiliar y tratar de poner orden en medio del caos que dejó el accidente.
“La Institución reitera su vocación de servicio, trabajando a favor de la seguridad y bienestar de la población mexicana”, señaló la dependencia, asegurando que continuará colaborando con las autoridades correspondientes para llegar al fondo de los hechos.
Mientras tanto, desde la calle, desde el sentir de la gente, queda la exigencia clara: que no quede en condolencias ni en boletines. Que se diga la verdad, que se asuman responsabilidades y que tragedias como esta no se repitan. Porque cada vida perdida pesa, y mucho.
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