Por Miguel A. Villa Juárez
Morelia, Mich. 10 enero 2026.- En Morelia, madrugar ya no es sinónimo de llegar temprano, sino de resignarse a esperar. Este sábado 10 de enero, desde las 7:30 de la mañana, la parada de camiones ubicada en la plazuela de Carrillo parecía más un mitin que un paradero: filas de hasta cien personas, formadas con paciencia, coraje y sueño acumulado, esperando un camión que tarda hasta 25 minutos en aparecer.
La mayoría de los usuarios son trabajadores que se dirigen a Altozano, donde están los centros comerciales, restaurantes y tiendas que abren temprano, pero que parecen olvidarse de cómo llega su propia gente. Empleados de tiendas, guardias de seguridad, personal de limpieza y vendedores se ven obligados a perder tiempo, dinero y energía, solo para poder cumplir con su jornada laboral.
“Uno sale con tiempo, pero ni así alcanza”, comentó un usuario mientras miraba el reloj y luego la fila interminable. Y es que no se trata de un caso aislado: la falta de unidades es ya una costumbre, no una excepción. El transporte público rumbo a Altozano es claramente insuficiente para la cantidad de personas que lo utilizan todos los días.
Las filas alcanzaban fácilmente las decenas de personas, y cada camión que llegaba se iba lleno, dejando a muchos con la pura esperanza de que el siguiente no tardara tanto. Algunos usuarios incluso optaron por buscar taxi o aventón, lo que representa un gasto extra para quienes apenas completan para la semana.
Lo más triste es que los más perjudicados son los empleados, los que sostienen con su trabajo el movimiento económico de esa zona exclusiva de la ciudad, pero que son tratados como si su tiempo no valiera nada. Mientras en Altozano se presume modernidad, aquí, en Carrillo, la realidad es una fila larga, cansada y olvidada.
Los ciudadanos piden algo sencillo: más unidades, mayor frecuencia y respeto para quienes usan el transporte público. No se trata de lujo, se trata de dignidad. Porque esperar 25 minutos por un camión, en una fila de cien personas, no es eficiencia, es abandono.
Así se vive el transporte en Morelia: con paciencia forzada, con coraje guardado y con la esperanza de que algún día alguien voltee a ver a los que sí se suben al camión todos los días.
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