Miguel A. Villa Juárez.
Morelia, Mich. 11 de enero 2026.- Desde la calle y con el ojo bien abierto, la banda ve cómo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a mover las fichas a su conveniencia. El gringo firmó un decreto donde declara “emergencia nacional”, pero no por huracanes ni broncas internas, sino para que nadie más le meta mano a la lana que viene del petróleo venezolano y que hoy está guardada en cuentas del Tesoro estadounidense.
Según lo que soltó la Casa Blanca, la tirada es que ni jueces ni acreedores puedan tocar ese dinero, porque —dicen ellos— esa feria debe usarse para la política exterior de Estados Unidos. O sea, el varo es de Venezuela, pero lo tienen bien resguardado “por razones diplomáticas”, y ningún otro mortal puede reclamarlo.
Desde acá, muchos ciudadanos ven esto como otra jugada de las grandes potencias: el dinero no se pierde, solo cambia de manos y de discurso. Y como para que no quedara duda de por dónde va el negocio, el mismo día Trump se reunió en Washington con peces gordos de empresas petroleras, echándoles el rollo para que le entren con todo y metan hasta 100 mil millones de dólares en la industria petrolera venezolana.
En la calle el comentario es claro: mientras los de arriba hablan de emergencias y diplomacia, los pueblos siguen esperando que esa riqueza algún día sí se note donde de veras hace falta.
