Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 16 enero 2026.- Mientras desde Palacio Nacional se presume que la delincuencia va en picada, en las calles de Cuernavaca la historia se escribe con plomo, miedo y coraje.
Hace apenas ocho días, Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, visitó Cuernavaca, Morelos, y desde la mañanera soltó el discurso optimista: que los índices delictivos van a la baja. A coro, Margarita González Saravia también presumió acciones “contundentes” que, según ellos, están dando resultados. Y el alcalde José Luis Urióstegui Salgado no se quedó atrás, asegurando que los asaltos y homicidios están bajo control, para no desentonar con la narrativa oficial.
Pero la calle, que no miente, dio su propio parte informativo.
Este viernes por la tarde, un cuentahabiente fue asaltado justo al salir de una sucursal de BANORTE, ubicada sobre la calle Gustavo Díaz Ordaz, en la colonia Cantarranas de Cuernavaca. Sin discursos, sin estadísticas, sin mañaneras: solo el susto, el coraje y la impotencia.
De acuerdo con los primeros reportes, dos sujetos a bordo de una motocicleta azul fueron los presuntos responsables. Tras cometer el atraco, se dieron a la fuga rumbo a la zona de Teopanzolco, uno de los puntos más transitados de la ciudad, como quien sabe que no pasa nada y que nadie los va a alcanzar.
Y así, mientras el gobierno presume números bonitos desde el micrófono, la delincuencia organizada se encarga de desmentirlos a plena luz del día.
Porque en Cuernavaca —como en muchas partes del país— la seguridad no se mide con gráficas, se mide con el miedo del ciudadano que sale del banco mirando para todos lados, rezando para no ser el siguiente en la lista.
La neta, en el arrabal la gente ya no cree en discursos: cree en lo que ve, y lo que ve es que el delito sigue mandando en la calle.
