PULSO MICHOACANO

Cabildo de Morelia inicia 52 minutos tarde y da mal ejemplo frente a estudiantes de Atapaneo

Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 11 febrero 2026.- En la capital michoacana las campanas del reloj marcan igual para todos… bueno, para casi todos. Porque este 11 de febrero, la sesión de Cabildo de Morelia, citada formalmente a las 11:00 horas, arrancó hasta las 11 con 52 minutos, según quedó asentado en la propia declaratoria leída en voz del alcalde Alfonso Martínez Alcázar. Cincuenta y tantos minutos de retraso que, dirían algunos, no son nada.

La escena no fue menor. En las butacas del salón de Cabildo no solo había funcionarios acomodándose el saco y revisando papeles. También se encontraba un numeroso grupo de madres y padres de familia, junto con alumnos del Telebachillerato plantel Atapaneo, quienes acudieron con la esperanza de presenciar una sesión histórica para su comunidad. Iban con ilusión, con expectativa y con esa curiosidad propia de quien quiere entender cómo se toman las decisiones públicas. Lo que recibieron fue una lección de falta total de civismo.

Porque mientras el reloj avanzaba, los murmullos crecían. Las miradas se cruzaban. Los estudiantes, algunos todavía con uniforme, otros con cuadernos en mano, empezaban a preguntarse si así funciona la autoridad que les pide puntualidad. Padres y madres, que dejaron trabajo, pendientes y hasta el gasto del día para estar ahí, miraban el reloj del celular una y otra vez.

La declaratoria oficial confirmó lo evidente: la sesión comenzó a las 11:52 horas. Y aunque en el lenguaje institucional todo suena terso y correcto, la realidad es otra. Es sumamente lamentable que el Ayuntamiento de la capital muestre este nivel de informalidad y poco respeto, sobre todo cuando hay ciudadanos presentes que acuden por diversos motivos, ya sea a gestionar, a escuchar o simplemente a ejercer su derecho de observar cómo se gobierna su ciudad.

Lo más delicado del asunto no es solo la tardanza. Es el mensaje. Porque en el discurso público se habla de formar ciudadanos responsables, de inculcar valores, de respetar horarios y compromisos. En las aulas se les exige a los jóvenes puntualidad, disciplina y orden. Pero este 11 de febrero, los estudiantes del Telebachillerato de Atapaneo presenciaron otra cosa: autoridades que no comenzaron a tiempo una sesión oficial previamente convocada.

Cuan poco educativo y edificante resulta para los muchachos observar que quienes toman decisiones no aplican la misma vara que suelen exigir. Para ellos, que han estudiado en espacios prestados, que han tenido que adaptarse a condiciones complicadas, que luchan por tener un plantel digno, el tiempo es valioso. Cada minuto en el aula cuenta. Cada clase importa. Y ver cómo casi una hora se esfuma sin explicación clara no deja buen sabor de boca.

Algunos padres comentaban en voz baja que el respeto empieza por lo básico: llegar a tiempo. Otros se preguntaban si, de haber sido ciudadanos comunes los que llegaran tarde a una cita oficial, la respuesta habría sido la misma paciencia institucional. En el arrabal se dice que el respeto al derecho ajeno es la paz, pero también que el respeto al tiempo ajeno es la base de cualquier trato digno.

No se trata de dramatizar un retraso. Se trata de entender el contexto. Cuando el Cabildo es el órgano máximo de decisión municipal, su funcionamiento debe ser ejemplo de formalidad y seriedad. Más aún cuando hay jóvenes presentes que están aprendiendo —no solo de libros, sino de la vida pública— qué significa gobernar.

La capital michoacana merece autoridades puntuales, comprometidas y conscientes de que cada sesión no es un trámite más, sino un acto público donde se refleja el carácter institucional del Ayuntamiento. Y los estudiantes de Atapaneo merecían ver que el esfuerzo por construir un mejor futuro empieza con pequeñas cosas, como respetar la hora señalada.

Porque si desde arriba se normaliza la impuntualidad, abajo se manda el mensaje equivocado. Y en una ciudad que busca avanzar, no hay espacio para que la informalidad se vuelva costumbre.

Este 11 de febrero quedó una lección flotando en el salón de Cabildo. Ojalá no sea la que se repita.