Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 21 febrero 2026.- Aquí en el barrio no se necesita encuesta para saber que la paciencia ya se acabó. Cinco días sin una gota de agua en las colonias Jacarandas y Gertrudis Bocanegra, y todo —según vecinos— porque la empresa que anda construyendo el famoso teleférico rompió varios tubos del sistema de agua potable y, hasta ahora, no se hace responsable.
Así, tal cual. Mientras en los discursos presumen modernidad y progreso con el nuevo sistema de transporte, en las casas de estas colonias la realidad fue otra: tinacos secos, tambos vacíos y familias cargando cubetas como si estuviéramos en otro siglo.
Los vecinos señalan que las afectaciones comenzaron tras los trabajos de excavación para la obra del teleférico, proyecto impulsado por el Gobierno estatal encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla. A decir de los afectados, durante las maniobras se dañaron varias líneas de conducción de agua, lo que provocó el corte total del suministro.
“Primero dijeron que era una falla menor, luego que estaban revisando, y al final nadie dio la cara”, reclamó una vecina de Jacarandas que, como muchos, tuvo que comprar garrafones y pagar pipas particulares para poder cocinar, bañarse y hasta bajar el baño.
En Gertrudis Bocanegra la historia fue la misma. Adultos mayores, familias con niños pequeños y comerciantes que dependen del agua para sus negocios resultaron golpeados por la falta del servicio. Algunos negocios de comida reportaron pérdidas porque simplemente no podían operar sin el líquido.
Lo que más encendió el coraje no fue solo la falta de agua, sino la percepción de abandono. De acuerdo con testimonios recabados en la zona, la empresa constructora no asumió públicamente la responsabilidad por los daños, y las autoridades municipales y estatales tardaron en dar una explicación clara sobre el origen del problema y el tiempo estimado de reparación.
“Si uno rompe una tubería en su casa, la paga. Aquí rompen media colonia y nadie responde”, soltó otro vecino, con la frustración a flor de piel.
Durante estos cinco días, el suministro fue intermitente o nulo. Hubo quienes almacenaron lo poco que cayó en la madrugada, otros dependieron de familiares en colonias cercanas. La vida cotidiana se volvió un viacrucis: lavar ropa quedó en pausa, los trastes se acumulaban y el aseo personal se volvió un lujo.
Hasta el cierre de esta edición, el servicio comenzaba a restablecerse de manera gradual en algunos puntos, aunque vecinos exigen un posicionamiento formal y, sobre todo, garantías de que no volverán a pagar los platos rotos por una obra que, dicen, no pidieron pero que ahora sí están padeciendo.
El teleférico podrá verse bonito en los renders y sonar muy moderno en los discursos, pero en Jacarandas y Gertrudis Bocanegra lo que quedó claro es que el progreso no puede construirse a costa de dejar a la gente sin lo más básico: el agua.
Porque aquí en el barrio no se vive de promesas, se vive con servicios. Y cuando te quitan el agua cinco días, no hay discurso que alcance para apagar el enojo.
