Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 22 febrero 2026.- El domingo se volvió de humo y sirenas. En varios estados del país —Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Zacatecas, Colima y Oaxaca— la violencia reventó con narcobloqueos, coches incendiados y carreteras cerradas a la brava, presuntamente como reacción al operativo federal en Tapalpa, Jalisco, donde se reportó el posible abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Desde temprano comenzaron a circular videos en redes: tráileres atravesados, autos en llamas, gasolineras incendiadas y gente corriendo para ponerse a salvo. Las autopistas se convirtieron en trampas y las ciudades en un tablero de tensión. En Jalisco, el gobernador Pablo Lemus Navarro confirmó que fuerzas federales realizaron un operativo en Tapalpa que derivó en enfrentamientos y en la reacción violenta de grupos armados que bloquearon vialidades para frenar la acción de la autoridad.
El llamado “Código Rojo” fue activado. Ese protocolo, que coordina a autoridades federales, estatales y municipales ante situaciones de alto impacto, se puso en marcha mientras la Mesa de Seguridad sesionaba de emergencia. Las fuerzas de seguridad se desplegaron en las zonas más calientes, intentando apagar incendios, liberar carreteras y evitar que el caos creciera como bola de nieve.
El Gabinete de Seguridad de México informó que los bloqueos están siendo atendidos y que los operativos continúan para restablecer el orden. Pero en la calle, la sensación fue otra: negocios bajando cortinas, familias encerradas en casa y transportistas varados sin saber si avanzar o regresar.
En Guadalajara se reportaron momentos de pánico en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara ante rumores de personas armadas en las inmediaciones. Aunque no se confirmó una toma de instalaciones, el susto corrió rápido entre pasajeros y trabajadores.
La figura de Oseguera Cervantes no es menor. Fundador del CJNG, considerado uno de los capos más peligrosos y buscados tanto en México como en Estados Unidos, su nombre ha estado ligado al crecimiento del tráfico de drogas sintéticas. Su caída —de confirmarse oficialmente en todos sus términos— desató una reacción violenta que mostró la capacidad de fuego y de intimidación del grupo criminal.
Ante el escenario, incluso la Embajada de Estados Unidos emitió una alerta de seguridad para sus ciudadanos en territorio mexicano.
Desde la mirada del ciudadano común, lo que queda es la incertidumbre. Cuando el gobierno habla de operativos estratégicos, en la colonia lo que se escucha son sirenas y helicópteros. Cuando se habla de “control de la situación”, en la carretera lo que se ve son vehículos calcinados.
México volvió a vivir una jornada donde la noticia no fue solo la caída de un capo, sino la respuesta feroz que dejó claro que cada movimiento en las alturas del crimen organizado tiene eco inmediato en las calles. Y mientras las autoridades prometen restablecer la normalidad, la gente solo pide poder salir a trabajar sin toparse con fuego y balas en el camino.
