Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 21 agosto 2026.-Uruapan ya tiene otro motivo para presumir y, esta vez, no es cualquier cosa: en la Plaza de la Ranita se encuentra el mural más grande de Michoacán, una obra que se avienta nada menos que 63 metros de largo por nueve de alto y que convierte un simple muro en un recorrido por la historia, las tradiciones y las raíces de este municipio.
La obra, realizada por el artista plástico Carlos Campos, lleva por título “Uruapan, herencia y raíces que viven” y reúne en una sola pieza buena parte de aquello que identifica a los uruapenses.
Desde la mirada del ciudadano, la obra tiene algo especial: no se trata solamente de pintar una pared para que se vea bonita. Aquí está plasmada la memoria de un pueblo, sus barrios, sus fiestas, sus artesanos, su comida, sus danzas y esos lugares que forman parte de la vida cotidiana de varias generaciones.
El recorrido comienza con las Ireris de los nueve barrios originarios, acompañadas por el Templo de San Francisco, para después llevar al visitante hasta uno de los grandes orgullos naturales de Uruapan: el Parque Nacional Barranca del Cupatitzio.
En el mural cobran vida el Puente del Gólgota, la cascada y el río Cupatitzio, elementos que para cualquier uruapense no son simples paisajes, sino parte de una historia que se ha contado de generación en generación.
La pintura continúa con las Aguadoras, representadas con sus trajes tradicionales y sus ollas, junto a la Capilla de Santo Santiago. Después aparece otro de los grandes orgullos de la región: las Cocineras Tradicionales, en reconocimiento a esos saberes de la cocina que pasan de madres y abuelas a las nuevas generaciones.
Y como Uruapan no se entiende sin sus manos trabajadoras, el mural también rinde homenaje a artesanas, artesanos y oficios tradicionales, mientras que el volcán Paricutín aparece integrado al paisaje cultural que distingue a Michoacán.
La fiesta tampoco podía quedar fuera. Los Kúrpites, la música, las danzas, los desfiles, los fuegos artificiales y el tradicional torito forman parte de esta enorme composición que retrata el ambiente de las celebraciones de los barrios y la convivencia comunitaria.
Para quien llega de fuera, el mural funciona como una especie de carta de presentación de Uruapan; para quien vive ahí, puede convertirse en un espejo donde aparecen las costumbres que ha visto desde chamaco y que siguen vivas en sus calles.
El recorrido artístico termina con la representación de la Iglesia de la Inmaculada y la Danza de los Negritos, cerrando así una obra que busca reunir pasado y presente en un mismo espacio.
Desde la perspectiva del ciudadano, tener una obra de estas dimensiones en un espacio público también significa recuperar lugares para convivir, caminar, tomarse una foto y, de paso, recordar de dónde venimos.
Porque entre tanto ruido de la vida diaria, las prisas y los problemas de todos los días, nunca está de más que una pared nos recuerde que Uruapan tiene historia, tiene identidad y tiene tradiciones que no deberían quedarse guardadas en los libros.
Con sus 63 metros de largo y nueve metros de altura, el mural de la Plaza de la Ranita no solamente rompe récords por su tamaño; también busca mantener viva la memoria de un pueblo que sigue contando su historia a través del arte.
