PULSO MICHOACANO

Ambientalistas viven bajo fuego y abandono oficial en Villa Madero, Michoacán

Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 14 noviembre 2025.- En Madero, Michoacán, ese municipio que se esconde entre pinos altos, resineros chambeadores y un silencio que antes era paz, ahora reina el miedo. Y no es cualquier miedo: es el que mete el CJNG, que desde hace por lo menos diez años opera en las entrañas del bosque bajo el mando del capo conocido como “Sierra 1”, “Juan Parra” o “el Apá”, pero cuyo nombre real —dicen los propios pobladores— es Ángel Herrera.

Los ambientalistas de la zona, gente que solo defiende su monte, su agua y su resina, llevan años bajo amenazas, persecución y ataques que nadie frena. Y la cosa explotó este 6 y 7 de noviembre, cuando un comando al servicio del “Sierra 1” rafagueó casas, dejó una mujer muerta, hirió a un hombre y trató de asesinar a dos defensores del bosque, Javier Gómez y Guillermo Saucedo Gamiño.

Las agresiones no fueron al aventón: primero balearon la camioneta y casa de Javier; después intentaron entrar a la de Guillermo. En su paso, los sicarios tiraron balazos “nomás porque sí” a una camioneta donde viajaba una pareja: ella murió y él quedó malherido. En total, tres ataques en menos de dos horas, sin que nadie llegara a ayudar.

Cuando los ambientalistas marcaron al alcalde Juan Carlos Gamiño para pedir apoyo, la respuesta fue la que ya muchos temen:

“No puedo, no me hacen caso”, dijo, refiriéndose a sus 12 policías.

Y no era mentira. La policía municipal nunca llegó, nunca intervino y nunca contuvo los ataques… aunque todo pasó a menos de cinco kilómetros de la presidencia municipal.

El bosque no es de ellos, pero mandan como si lo fuera

En Madero, las comunidades —El Sangarro, Etúcuaro, Capulín, Soledadita, Loma del Saús, Maravillas y otras— viven bajo asedio criminal desde hace años. Extorsionan resineros, aguacateros y campesinos. A los resineros les quitan hasta 50% de sus ingresos, y a quienes no pagan, los matan.

Así ocurrió con Modesto Gutiérrez, padre de siete hijos, asesinado después de que no pudo entregar al CJNG los 500 mil pesos y una camioneta que le exigían. Su cuerpo apareció tirado en un camino serrano, mientras su familia esperaba respuestas que nunca llegaron.

Los ambientalistas cuentan que desde 2015 viven bajo amenazas de muerte, que en 2022 secuestraron a Guillermo Saucedo y que en los últimos años han reducido sus recorridos por miedo, mientras los sicarios aumentan los suyos, “como para dejar claro quién manda”.

La corrupción también echa raíces

Para muchos en Madero, la violencia no solo se debe al CJNG, sino a la simbiosis entre criminales y autoridad municipal. Testigos aseguran que el 4 de octubre, dos camionetas llenas de hombres armados llegaron a la presidencia municipal… y la policía se hizo a un lado. Tras una reunión de una hora con el alcalde, los sicarios se fueron tranquilamente.

Y mientras eso pasa, los ambientalistas siguen huyendo al monte para no ser asesinados. Y la autoridad estatal, dicen, les ha asignado “protección” a través de la policía municipal de Madero… la misma que —denuncian— está coludida y no los protege de nada.

Nuevas amenazas, mismos nombres, misma historia

Desde el 11 de noviembre, circularon en Facebook y WhatsApp nuevas amenazas contra ambientalistas, dirigentes políticos y hasta figuras públicas como el líder limonero Bernardo Bravo y el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ambos asesinados recientemente.

“Los cárteles ya quieren ser jueces, acusadores y verdugos”, dicen los activistas. Y tal parece que nadie —ni municipio, ni estado, ni federación— está impidiendo que lo sean.

Mientras tanto, en Madero la gente nomás quiere algo sencillo: poder caminar su bosque sin que los maten por defenderlo. Y que la autoridad, aunque sea por vergüenza, haga algo.

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