Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 23 noviembre 2025.- En un estado donde la extorsión se volvió paisaje cotidiano y el miedo aprendió a cobrar piso, la detención de César Alejandro “N”, alias “El Botox”, cayó como campanazo en plena madrugada: fuerte, seco y difícil de ignorar. Así lo dijo el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y así lo siente la calle, que rara vez aplaude, pero esta vez asiente.
“El Botox”, personaje conocido más por el terror que por el apodo, cargaba a cuestas siete órdenes de aprehensión en Michoacán por homicidio y extorsión, además de pendientes federales y hasta un interés especial del gobierno de Estados Unidos, que ofrecía cinco millones de dólares por su captura. No era cualquier pez: era tiburón con expediente grueso.
La detención, junto con otros tres integrantes de su célula criminal, fue presentada como resultado del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, esa promesa que muchos miran con recelo pero que, de vez en cuando, entrega pruebas palpables. El mensaje es claro: la coordinación entre fuerzas estatales y federales no es discurso de conferencia, sino operativo con destino a la Ciudad de México.
Para quienes vivimos del otro lado del micrófono —el del mercado, el del taller, el del huerto— la noticia también trae memoria. Porque con esta captura se avanza en el caso del asesinato del líder limonero Bernardo Bravo, ocurrido en octubre pasado en Apatzingán, crimen que dolió no solo por la bala, sino por lo que simboliza: trabajar bajo amenaza.
Las autoridades informaron que, derivado de las investigaciones, ya hay más detenidos ligados al grupo criminal “Los Blancos de Troya”, con armas, chalecos y nombres que hasta ayer solo circulaban en voz baja. Hoy están en manos de la justicia.
No es el fin de la violencia, nadie lo cree. Pero en Michoacán, donde la incredulidad es una forma de defensa, ver caer a un extorsionador de alto calibre sí mueve el ánimo. Aunque sea por un momento, la ley se asoma y la calle respira.
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