PULSO MICHOACANO

El ermitaño y su zoológico del terror: cuando las mascotas devoran a su dueño

Por M. Ángel Villa Juárez

Morelia, Mich. 1 noviembre 2025- En este mundo donde hay quien colecciona tazas, estampas o figuritas de superhéroes, también existen quienes, con ímpetu creativo o absoluta temeridad, llevan sus aficiones hasta el filo del espanto. Y ahí entra la historia de Mark Voegel, un hombre de Dortmund, Alemania, que en 2004 murió devorado en su propio hogar… por aquellas criaturas que él mismo cuidaba como familia reptil e insectil.

La víctima, de apenas 30 años, habitaba un departamento que para cualquiera sería un capítulo extremo de “Vecinos en Problemas”: más de 200 animales entre arañas venenosas, serpientes, lagartos y ranas, convivían en un espacio convertido en jungla mortal. Cuando la araña estrella de su colección, una viuda negra que respondía al dulce nombre de Bettina, lo mordió, Voegel quedó indefenso y ahí empezó la pesadilla.

La policía atendió un reporte de los vecinos que ya no soportaban el olor fétido saliendo del departamento. Al entrar, hallaron una escena que el cine de terror envidiaría: telarañas gigantes, reptiles mordisqueando la piel, arañas saliendo de la nariz y la boca del propietario, y restos corporales transportados por los pequeños depredadores como si fuera un banquete anunciado.

El caos era total: terrarios abiertos, insectos invadiendo cada rincón, y una luz verde que iluminaba el salón como si alguien hubiera decorado al estilo “Halloween permanente”.

La muerte no fue inmediata. De acuerdo con la investigación, el hombre llevaba ya hasta dos semanas fallecido cuando fue encontrado. Lo suficiente para que la fauna hiciera acto de presencia, como quien asume la herencia del espacio sin notario de por medio.

La experta en especies peligrosas, Gabi Bayer, fue contundente al describir a los habitantes del zoológico casero: “eran como los pitbulls del mundo animal”, criaturas que requieren expertos, cuidados estrictos y, sobre todo, sentido común.

Desde esta banqueta michoacana donde contamos la historia, uno no evita la reflexión: ¿hasta dónde llega el derecho a tener mascotas sin convertir la sala en un capítulo de supervivencia? Porque si algo nos enseña este caso es que la línea entre el hobby exótico y la tragedia puede ser tan delgada como una telaraña… y 15 veces más venenosa que una serpiente de cascabel.

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