PULSO MICHOACANO

Golpe a la legalidad: Michoacán estrena presidente del Tribunal sin carrera judicial y desacata suspensiones de amparo

El pensamiento del Francotirador Judicial
Fecha: 15 de septiembre de 2025
El Poder Judicial de Michoacán se encuentra en la peor crisis de su historia reciente. El nombramiento de Hugo Alberto Gama Coria como presidente del Supremo Tribunal de Justicia, no sólo encendió las alarmas por el trasfondo político, sino porque evidencia una verdad inocultable: quien hoy encabeza el máximo tribunal no tiene carrera judicial, nunca se formó desde los juzgados, no ascendió en la estructura judicial, y ahora dirige un poder que debería ser garante de independencia y técnica jurídica.
Un presidente sin carrera judicial.
Gama Coria llegó a la presidencia del Tribunal no por trayectoria jurisdiccional, sino por su paso político y administrativo. Su perfil es el de un operador que brinca directamente a la cúpula judicial sin haber recorrido el camino de la judicatura. Esto rompe con el principio básico de que los órganos jurisdiccionales deben ser encabezados por jueces de carrera, formados en la aplicación de la ley y probados en la función de impartir justicia. La sociedad esperaba un perfil con legitimidad profesional; lo que recibió fue una figura sin piso judicial, pero con techo político.
El Tribunal de “indisciplina”
Al mismo tiempo, se presume la instalación del Tribunal de Disciplina Judicial, presentado como un órgano para “sanear” la justicia. Pero la realidad es otra: más que disciplina, hay indisciplina institucional. Un tribunal sin independencia, con nombramientos manchados por cuotas y afinidades políticas, no puede sancionar con legitimidad a nadie. Es un órgano débil, visto ya como un instrumento de control político más que como un garante de ética judicial.
Los jueces del acordeón.
La protesta masiva de más de un centenar de jueces exhibe otra herida abierta: los llamados “jueces del acordeón”, colocados sin la preparación ni la experiencia mínima para ocupar un juzgado. Personas que no pasaron filtros rigurosos, pero que se vieron beneficiadas de un proceso desaseado, al que la crítica ciudadana señala como una repartición política disfrazada de concurso. En vez de fortalecer la judicatura, se siembra improvisación y se condena a la justicia a la mediocridad.
Violación flagrante a las suspensiones definitivas.
Lo más grave es que hubo suspensiones definitivas concedidas en juicios de amparo que ordenaron detener el proceso de selección y de toma de protesta. Las suspensiones —medidas federales obligatorias— tenían como fin evitar actos consumados. Sin embargo, el Poder Judicial de Michoacán ignoró las órdenes federales y procedió a juramentar jueces y magistrados en abierto desacato.
Esto no es un simple error administrativo: es un golpe frontal al Estado de derecho. Desobedecer suspensiones de amparo es pisotear la Constitución, la Ley de Amparo y la propia autoridad del Poder Judicial de la Federación. Es un hecho que podría configurar responsabilidad administrativa, política e incluso penal para quienes participaron en consumar la violación.
Un poder colapsado.
La suma es devastadora:
• Un presidente sin carrera judicial.
• Un tribunal de disciplina convertido en indisciplina.
• Jueces improvisados al vapor.
• Suspensiones definitivas desacatadas con total impunidad.
El Poder Judicial de Michoacán no sólo está debilitado: está colapsado. Cada acto de protesta celebrado bajo estas condiciones carece de legitimidad y credibilidad. La justicia michoacana queda marcada por la sospecha de que sus máximas autoridades prefieren obedecer consignas políticas antes que acatar mandatos judiciales.
Conclusión:
La ciudadanía no merece un Poder Judicial que se maneje como coto privado de intereses políticos. Si el presidente del Tribunal no tiene carrera judicial, si los jueces son designados por acuerdo y si se violan suspensiones de amparo, entonces no hay independencia, no hay legalidad y no hay justicia.
La pregunta ya no es si el Poder Judicial de Michoacán atraviesa una crisis: la pregunta es cuánto tiempo más podrá sobrevivir un poder que decidió vivir en el desacato y en la simulación.
Y la ironía es brutal: el mismo día en que México celebra su independencia, en Michoacán se consuma el fin de la independencia judicial.