En la opinión de Manuel Maldía.
Hay una idea venenosa corriendo por redes, cafés fifís, podcasts patrioteros y hasta en la mente febril de algunos “líderes” políticos que, si tuvieran tres neuronas y un libro de historia de México, ya habrían entendido lo obvio.
Pero no. Ahí andan repitiendo, con la fe del tonto y la memoria del amnésico, la brillante propuesta de que Estados Unidos intervenga militar o policialmente en México para combatir a los narcos.
La ocurrencia llega incluso a sugerir —agárrese de la mandíbula para que no toque el piso—
que la intervención gringa depondría al actual gobierno de la 4T y restauraría la seguridad, la economía y hasta el cutis nacional.
Los promotores de semejante disparate ven a Washington como si fuera la Liga de la Justicia, versión Pentágono:
Superman lanzando misiles Patriot para salvar a indefensos rancheros mexicanos,
el Capitán América rescatando adolescentes atrapados por el narco,
y Donald Trump llorando por Michoacán.
Qué tierno. Qué conmovedor.
Qué peligrosamente idiota.
Porque esa fe ciega en el vecino del norte ignora —o finge ignorar— que la historia mexicana es una larga lista de ejemplos donde la mano gringa no ha sido de auxilio, sino de despojo, invasión, humillación y muerte.
El problema es que el “mexicano desesperado” de ahora no recuerda —o nunca supo— que Estados Unidos ha intervenido militarmente en México al menos 14 veces, y jamás para regalarnos democracia, flores o aguinaldos:
- 1836: apoyo militar y político a Texas para que se independizara —y luego se la quedan.
- 1846-1848: Invasión y Guerra México-Estados Unidos. Resultado: Pérdida de más de la mitad del territorio nacional. (Pagan 15 millones de dólares, equivalente a 615 millones actuales, por 2 millones de kilómetros cuadrados)
- 1853: Incursión del filibustero William Walker en para crear las repúblicas de Baja California y Sonora.
- 1853: Compra de La Mesilla, otro pedazo arrancado con “diplomacia”. Objetivo, para acortar la ruta del ferrocarril.
- 1859: Tratado McLane–Ocampo, que buscaba libre tránsito militar gringo por México.
- 1859: Intervención en la Guerra de Reforma; el embajador John Forsyth busca imponer “protección” a ciudadanos y propiedades estadounidenses.
- 1873: Intervención naval en Tampico durante la rebelión de Manuel Lozada.
- 1876: Apoyo del embajador John W. Foster a la rebelión de Porfirio Díaz para derrocar a Sebastián Lerdo de Tejada (Plan de Tuxtepec).
- 1911: Presión y movilización de tropas en la frontera durante la Revolución Maderista.
- 1913: Implicación del embajador Henry Lane Wilson en el golpe de estado y asesinato del presidente Francisco I. Madero (Pacto de la Embajada).
- 1914: Ocupación militar del puerto de Veracruz por varios meses. Asesinan a cientos de civiles y cadetes de la escuela naval.
- 1916-1917: Expedición Punitiva del General John J. Pershing en territorio mexicano para perseguir a Pancho Villa.
- 1919: Incursión de tropas en Ciudad Juárez durante la tercer Batalla de esa plaza.
- 2006-2011: Operativo “Rápido y furioso”, de la ATF norteamericana que permite el ingreso de 2,500 armas a México destinadas a los carteles del narcotráfico.
Pero ahora resulta que los amantes de la bandera ajena creen que pedir ayuda militar es un gesto de madurez democrática.
Como si fueran visionarios, cuando en realidad son una mezcla radioactiva de ignorancia histórica y complejo colonial.
Para ponerlo fácil:
decir: “ojalá vengan los gringos a arreglar esto”
es equivalente a que una mujer golpeada invite al abusador que le partió la cara ayer a que la proteja hoy.
Solo hay dos opciones para quienes venden esta carnada envenenada:
- Son peligrosamente ignorantes.
- Son herederos espirituales de:
- Antonio López de Santa Anna, quien entregó medio país con la gracia de un rematador de empeño.
- Los genios que trajeron a Maximiliano en 1863, para que un emperador austriaco arreglara nuestra autoestima.
¿Es ese el club al que quieren unirse? ¿El club de los traidores con fachada de “solucionadores”?
Los narcos son un cáncer.
La violencia es insoportable.
El hartazgo es real.
Pero pedir intervención extranjera —la misma que nos ha costado territorio, muertos, golpes de Estado y humillación por casi dos siglos— no es una solución: es un suicidio disfrazado de esperanza.
La solución a los monstruos que hemos permitido crecer en México, no está en invitar a un monstruo más grande y con mejores armas. Está, por doloroso y difícil que sea, en que nosotros, los mexicanos, asumamos de una vez por todas el costo y la responsabilidad de construir, desde nuestras propias ruinas, un país que no tenga que mendigar ni su seguridad ni su soberanía.
Lo contrario no es una idea, es una traición con likes.
Ahí está la advertencia. ¿entreguismo con hashtags patrióticos?
