PULSO MICHOACANO

Julieta Fierro, la astrónoma que puso a México a mirar al cielo, murió a los 77 años

Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 19 septiembre 2025.- La comunidad científica y cultural del país anda de luto, pues este viernes se dio a conocer la muerte de la astrónoma Julieta Norma Fierro Gossman, quien a sus 77 años dejó de brillar físicamente, pero cuyo legado seguirá alumbrando como constelación eterna.

Nacida en la Ciudad de México en 1948, Fierro fue investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, profesora de la Facultad de Ciencias y directora del Universum, el famoso museo universitario que acercó la ciencia a la raza de a pie. Su campo de estudio fue el medio interestelar y el Sistema Solar, pero su misión real estuvo en bajar las estrellas al barrio: con libros, conferencias y hasta programas de radio y tele, puso a generaciones enteras a voltear al cielo con curiosidad.

Con un estilo poético y sencillo, siempre recordaba que “todos somos polvo de estrellas”. Por eso se volvió la científica más reconocida y querida de México. No por nada recibió el Premio Kalinga de la UNESCO en 1995, doctorados honoris causa, su silla en la Academia Mexicana de la Lengua, y fue presidenta de la Comisión de Educación de la Unión Astronómica Internacional. Hasta una especie de luciérnaga lleva su nombre: Pyropyga julietafierroae.

La UNAM confirmó el fallecimiento y destacó que su voz y pasión hicieron que miles de jóvenes se enamoraran de la ciencia. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum la llamó “una mujer inspiradora que trascenderá el tiempo y el espacio”.

De acuerdo con versiones cercanas, Julieta Fierro murió de manera repentina y tranquila, sin dolor, mientras escribía, como si hubiera querido despedirse con lápiz en mano.

Además de ser un faro de conocimiento, Fierro fue también una defensora de la igualdad de género en la ciencia, señalando siempre las trabas que enfrentaban las mujeres en ese terreno.

Hoy el cielo perdió una voz, pero ganó una estrella más. Julieta Fierro deja un vacío enorme en la ciencia mexicana, aunque su entusiasmo por el universo seguirá latiendo en sus libros, sus charlas y en cada morro o morra que se atrevió a soñar con viajar entre planetas gracias a ella.