PULSO MICHOACANO

La deuda pública se infla como bolillo en horno: Sheinbaum le mete 3.5 billones más al cochinito nacional

Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 5 septiembre 2025.– La deuda pública en México va más arriba que los precios de la tortilla en plena crisis. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum está por dejarle a este país una deuda que crecerá como hiedra sin poda: 3.5 billones de pesos más para el 2026, alcanzando la friolera de 20.3 billones de pesos.

La cifra no es chisme de café ni rumor de pasillo. Es información oficial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que en sus Criterios Generales de Política Económica ya trae las cuentas bien claras —o más bien, bien rojas—: el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) pasará de los 16.7 billones de pesos heredados por Andrés Manuel López Obrador en 2024 a más de 20.2 billones para el 2026.

Y esto no es poca cosa: ese monto representa un 52.3 % del PIB nacional, lo que equivale a un esfuerzo fiscal de los que duelen, de los que no se curan con discursos ni giras presidenciales.

📊 La deuda que carga cada mexicano

Según cálculos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), si esa deuda se repartiera entre todos los mexicanos, a cada ciudadano le tocaría cargar con una mochila de 151 mil pesos. Y no es exageración: es una estimación basada en el crecimiento acelerado de la deuda pública en los últimos años.

Para ponerlo en cristiano: mientras el decil más pobre tendría que trabajar casi cuatro años para pagar su parte, el decil más rico podría cubrirla con poco más de un mes de ingresos. Una deuda que, como siempre, no se distribuye parejo… pero se cobra parejo.

📉 De dónde viene y qué cubre esta deuda

El SHRFSP no es cualquier cosa. Es el indicador más amplio de deuda que tiene el país y mide todo lo que el gobierno debe:

  • La deuda del Gobierno Federal.
  • Los pasivos de empresas como Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad.
  • Los compromisos de fideicomisos y organismos públicos.
  • Y para acabarla, los rescates financieros que han ido dejando los sexenios como souvenir.

Cuando Andrés Manuel López Obrador tomó posesión en 2018, la deuda rondaba los 10.5 billones. Se fue en 2024 con 16.7 billones. Ahora, con Sheinbaum, se calcula que llegue a 20.3 billones. Es decir, en dos sexenios, la deuda prácticamente se duplicó. Y como van las cosas, no pinta para que la tendencia se frene.

🏦 Un cochinito que no se llena nunca

La SHCP proyecta que al finalizar 2025 la deuda cierre en 18 billones 903 mil 595 millones de pesos. Y para 2026, pues a seguirle metiendo: 20 billones 259 mil 590 millones.

La dependencia asegura que este nivel de endeudamiento es “sostenible en el largo plazo” y que no representa un riesgo para las finanzas públicas. Pero los senadores de oposición no se tragaron el cuento y reclamaron que con este ritmo de endeudamiento “se está hipotecando el futuro de las familias mexicanas”.

Y tienen razón en algo: si el país quisiera pagar hoy mismo lo que debe, necesitaría dos años y un trimestre de recaudación completa. O, en el peor de los casos, tres años y medio de puro cobro de impuestos sin gastar ni un centavo en nada más.

🧾 Las promesas vs la realidad

El discurso oficial de Sheinbaum arrancó con la promesa de “mantener finanzas sanas” y evitar más endeudamiento. Pero la realidad es otra: el gasto público crece, los programas sociales se multiplican, las obras insignia se comen buena parte del presupuesto y, al final, la deuda es la que paga la cuenta.

Mientras tanto, el ciudadano de a pie ni se entera de estas cifras. No ve billones, ve el precio del gas, del huevo y del pasaje. Pero, aunque no se note en la bolsa diaria, esa deuda es un lastre que va a seguir pesando, y fuerte.

🧨 Un futuro hipotecado

El CIEP advierte que de seguir este ritmo, para 2031 la deuda per cápita será aún mayor. Y lo más delicado: con la actual capacidad recaudatoria del país, el margen para seguir pidiendo prestado sin ahogarse es cada vez más chiquito.

Así que mientras desde Palacio Nacional se habla de “prosperidad compartida” y “economía fuerte”, los números muestran otra cara: un cochinito nacional que ya no tiene tapa y que, si se voltea, no sale ni el último centavo.

La deuda crece, el presupuesto se estira como liga vieja… y la raza, sin deberla ni temerla, es la que termina pagando la fiesta.