PULSO MICHOACANO

MALDIA; El funeral alegre del Sol Azteca; Perredistas arropan a Aracely Saucedo rumbo al 2027

En la opinión de Manuel Maldía.

Este domingo 26 de octubre 2025, en la asamblea estatal del PRD, hubo abrazos emocionados, discursos vibrantes, euforia medida y sonrisas dignas de fiesta patronal. Todo muy bonito, muy amarillo, muy “¡Ahora sí, compañeros, ahora sí resucitamos!”. La escena era tan optimista que cualquiera hubiera pensado que el PRD no está en terapia intensiva, sino en un retiro espiritual para reencontrarse consigo mismo.

La senadora Aracely Saucedo Reyes, flor política de largo tallo, recibió el respaldo cálido para encabezar el proyecto rumbo al 2027. Sí, la misma Aracely que hoy viste chaleco guinda en el Senado, pero que —según se susurra entre pasillos— mantiene el alma amarilla como recuerdo de quinceañera. La idea es simple: que ella sea el “factor de unidad” para revivir un PRD cuyo pulso es tan tenue que a veces hay que poner la mano cerca para sentir si todavía late o es puro reflejo nervioso.

Y como bien sentenció el maestro Manuel Buendía:

“La clase política es como las momias: aunque estén muertas, se resisten a ser sepultadas”.

Porque claro, antes de pensar en gobernar Michoacán, lo primero es evitar el más temido de los destinos: perder el registro. Ese 3% que exige la ley electoral se ha convertido en el monstruo del armario, el coco político, la pesadilla que despierta a los dirigentes sudando frío a medianoche.

Y aquí conviene recordar uno de esos episodios que la ciudadanía guarda con la precisión de una herida mal cerrada:
Aquel voto que con esfuerzo, sudor y fe que se dio para una allianza PRIANRD que disputó la senaduría… ganó… tomó protesta… y luego, como acto de magia, se cambió la camiseta a Morena con la velocidad con que se cambia de canal de TV cuando sale un comercial.

La gente no olvida. Tiene mala memoria para los cumpleaños, sí, pero para las traiciones políticas, ajá, ahí sí es enciclopedia.

Ahora bien, los pocos perredistas que quedan —héroes de resistencia, monjes del voto mínimo, sobrevivientes de la tormenta amarilla— se tardaron una semana en sacar este pronunciamiento, mientras PAN, Morena y Verde ya arrancaron la carrera por la silla grande y repartiéndose imaginarios territorios electorales.

Y uno, humilde espectador de este teatro de sombras no puede evitar hacerse la pregunta necesaria:

¿Será que lo que estamos viendo no es una resurrección, sino el último intento de exprimirle a un limón ya reseco las últimas gotas que queden, es decir las prerrogativas?

Porque el PRD, queridos lectores, ya no es partido. Es reliquia. Es estampita política. Es la foto de la ex que uno aún guarda en el cajón de los calcetines.

Pero ojo: en política el muerto siempre se resiste a morir.
Siempre hay quien quiere convertir el funeral en gira, porque ahí está la ganancia.