PULSO MICHOACANO

Maldía: EL GOBIERNO “HUMANISTA” REPRIME LA SOLIDARIDAD DEL PUEBLO MEXICANO

En la opinión de Manuel Maldía.

 

En este México 2025, donde las lluvias convierten pueblos en albercas y la miseria en espectáculo, uno podría pensar que un gobierno que se jacta de “humanista”, estaría felicitando a cada ciudadano que carga una botella de agua o un kilo de frijoles para los damnificados por las lluvias.

Pero no, mis queridos lectores, aquí el humanismo viene con manual de instrucciones y un retén militar para asegurarse de que nadie se pase de generoso sin el visto bueno del supremo gobierno.

¡Prohibido ayudar sin sello oficial! ¿Qué tal? Un gobierno que dice amar al pueblo, pero le pone candado a su bondad.

Imaginen la tragicomedia: un grupo de vecinos, con más corazón que presupuesto, junta despensas, se trepa a una camioneta destartalada y se lanza a socorrer a los que el río dejó sin nada. Pero ¡alto ahí!, un retén militar les corta el paso. “Bájense los víveres, que aquí el único que ayuda es el gobierno”.

¿Y los damnificados? Que esperen, que se mojen, que se aguanten el hambre mientras las autoridades hacen una lista y deciden quién merece una lata de atún y quién no. ¿Por qué tanto celo? ¿A qué le teme este régimen que presume de “poner al pueblo primero” mientras lo mantiene a raya?

La respuesta, amigos, es más clara que el agua estancada en las calles inundadas: control. Control absoluto, enfermizo, obsesivo. Si la gente se organiza, si los ciudadanos se ayudan sin pedirle permiso al gobierno, ¿dónde queda el aplauso para los “Servidores de la Nación”? ¿Cómo van a presumir en el próximo mitin que ellos, y solo ellos, son los salvadores? En Poza Rica, los damnificados gritan que la ayuda no llega, bloqueada por órdenes de arriba.

Y no es nuevo: con el huracán Otis ya vimos el numerito, cuando el Ejército detuvo camiones de ciudadanos para que todo pasara por el filtro oficial, ese que huele a clientelismo electoral y a favores con factura.

Pero dejemos la sutileza.  Este “humanismo” es una farsa que tiembla ante la solidaridad porque esta expone su inutilidad. Si el pueblo se une para repartir comida, mañana podría unirse para exigir justicia a las madres buscadoras, para exigir castigo a los corruptos del presente y del pasado, para organizarse contra la inseguridad o para mandar al carajo los caprichos presidenciales, que le cuestan a la nación cientos de miles de millones.

¡Peligro! Mejor decomisar las despensas, almacenarlas un mes –como dicen en redes que está pasando– y repartirlas cuando el hambre haya doblegado a los damnificados hasta hacerlos jurar lealtad eterna al partido en el poder.

No me hagan reír. Esto es autoritarismo con sombrero de Chucho el roto.

Y mientras tanto, la Presidenta pasea por las zonas inundadas, posando para la foto con cara de “aquí estoy, salvándolos”. Pero ay de aquel que se atreva a quejarse en voz alta, que para eso están las listas negras y los “reportes de ingratitud”.

En este México “humanista”, la solidaridad es subversiva, la empatía es delito y el Ejército, en lugar de perseguir narcos, persigue a quien osa ayudar sin chaleco guinda.

¿Hasta cuándo, señores de la 4T?

El agua sube, pero la rabia del Pueblo Bueno –ese que no pide permiso para ser humano– sube más rápido. Y esa, ningún retén la parará.