En la opinión de Manuel Maldia, 5 nov. 2025.
Dicen que en Michoacán hay dos tragedias simultáneas: la violencia… y el gobierno tratando de gobernar. Y como si la cosa no estuviera ya para llorar, el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, vino a recordarnos que aquí las autoridades sirven nomás para ver pasar la desgracia… y luego tuitear su pésame.
El impacto ha sido nacional, pero donde más duele es aquí: la gente ya no grita “¡justicia!”, ya de plano anda pidiendo la salida del siempre inspirado y colorido gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Ese campeón del carisma que Morena escogió como plan B cuando el INE les tumbó a Raúl Morón en 2021. Y mírenlo ahora: sufriendo como cuando te toca bailar con la más fea en la kermés… y todavía sin música.
Pero no crea el lector que el gober anda solo. No, también carga una bronquita casera dentro de Morena: su pleito de lavadero con el senador Morón rumbo al 2027. Aunque claro, el senador se ha hecho el digno, porque dicen que si se cae Bedolla de más temprano, podría embarrarse la candidatura y ensuciar el mantel de la cena electoral. “Trabajo limpio”, pues.
Llevamos cuatro días de manifestaciones y los jóvenes andan que no creen en nadie. La protesta ya contagió Morelia, Uruapan y Apatzingán y ha dado pie a una convocatoria nacional de protesta el 15 de noviembre.
Pero ojo: aquí no hay normalistas, ni maestros de la CNTE, ni los sospechosos de siempre. Si Morón anda detrás, se nos está volviendo un ninja, porque la mano negra —si existe— ni sombra ha dejado.
Mientras tanto, al pobre Bedolla se le están haciendo agua todos los frentes. Sus operadores… híjole. El astuto, Carlos Torres Piña, huyó a la Fiscalía como quien abandona el barco antes de que se hunda. Y le dejó al nuevo e inexperto Secretario de Gobierno, de apellido Zepeda, el paquete político más grande desde el mal llamado “michoacanazo” en 2009.
El silencio también pesa. Empresarios, sindicatos, académicos, transportistas, la Iglesia católica… todos quieren ver para dónde sopla el viento antes de abrir la boca. No se vayan a quemar con un gobernador que huele a pólvora política.
Los policías también le ayudan mucho… pero a perder. El domingo 2 de noviembre, dejaron que los manifestantes se pasearan en Palacio de Gobierno como si trajeran llave, ¿O alguien les abrió la puerta desde dentro?
Y el lunes y martes, ya muy machitos, lanzaron gas lacrimógeno a diestra y siniestra. ¿Que había jovencitas estudiantes? ¿Prensa trabajando? Nah, detalles. Total, ya van varias agresiones a reporteros; eso siempre es mala señal… de que nadie tiene idea de lo que está haciendo.
Y mientras aquí seguimos buscando gobernabilidad como quien busca aguja en paca de mariguana, la muerte de Manzo ya le dio la vuelta al mundo, publicada en influyentes medios internacionales. Hasta la vocera de Donald Trump —sí, ese Trump— ya condenó el asesinato y exigió que el gobierno de México le entre en serio contra los cárteles.
Nomás eso faltaba: que vengan a regañarnos desde fuera porque en Michoacán no se respeta la vida de los alcaldes, que con Manzo ya suman siete.
La pregunta no es si Bedolla tiene gobernabilidad. La pregunta es donde la perdió. Si el destino que un día lo puso en la gubernatura —bendito INE para unos, maldito para otros— hoy lo quiere devolver a la banca.
Porque las estrellas que un día le regalaron la silla del gobernador —esas mismas— hoy podrían estar alineándose para decirle: “Hasta aquí llegaste, compa”.
Y para acabar de amolar, tenemos un cometa extraño cruzando el cielo: 3I/ATLAS. Ojalá que no sea un aviso celeste de que lo inevitable ha llegado: que en Michoacán, hasta las estrellas ya quieren cambio de administración.
Porque aquí lo único que no cambia… es la tragedia.
