Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 19 agosto 2026.-Mientras en México seguimos discutiendo cómo sacarle jugo al litio, China ya está moviendo sus fichas con otra tecnología que puede cambiar el juego: las baterías de sodio. El asunto no es menor, porque nuestro país lleva cuatro años desde la creación de Litio para México (LitioMx) sin conseguir todavía una cadena industrial consolidada alrededor de este mineral estratégico.
El problema, visto desde la calle, es bastante sencillo: si el litio era una de las cartas fuertes para entrarle al negocio de las baterías, los vehículos eléctricos y el almacenamiento de energía, el tiempo también cuenta. Y mientras aquí todavía se habla de exploración, investigación y financiamiento, en China las baterías de sodio ya comienzan a caminar hacia una escala comercial.
LitioMx fue creado con la intención de que el Estado mexicano tuviera un papel central en el aprovechamiento del litio. Sin embargo, especialistas han cuestionado los recursos disponibles y la viabilidad de convertir el proyecto en una verdadera industria nacional.
De acuerdo con información citada por Agencia Reforma, el Programa Institucional de LitioMx 2026-2030, publicado en el Diario Oficial de la Federación, plantea una nueva etapa en la que todavía habrá que meterle fuerte a la exploración, estudios técnicos, investigación, desarrollo de materiales y tecnología, además de buscar financiamiento para proyectos de mayor escala.
Entre los planes se contempla avanzar hacia una planta de baterías prevista alrededor de 2030, pero el camino todavía tiene varios pendientes. Y ahí es donde aparece la preocupación de los especialistas: no basta con tener el mineral o saber que existe debajo del suelo; hace falta construir toda la cadena industrial para convertirlo en productos de alto valor.
Para la ciudadanía, la preocupación es válida. México puede tener recursos naturales importantes, pero si no desarrolla tecnología, infraestructura, especialistas y capacidad de producción, otros países pueden terminar quedándose con la mayor parte del negocio.
Y mientras México todavía arma las piezas, China está acelerando el desarrollo de las baterías de sodio, una alternativa que puede resultar atractiva por utilizar un recurso mucho más abundante y, potencialmente, reducir la dependencia de materiales críticos utilizados en algunas baterías de ion-litio.
Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo y decir que el sodio ya desplazó al litio. La Agencia Internacional de Energía (AIE) señala que las baterías de sodio todavía se encuentran en una etapa inicial de expansión. Es decir, el litio no está muerto ni mucho menos; simplemente apareció otro competidor que puede ganar terreno en determinados usos.
La bronca para México es que el mercado tecnológico no se queda esperando. Mientras se elaboran estudios, programas y planes de largo plazo, otros países siguen invirtiendo, fabricando y probando nuevas tecnologías.
El Programa Institucional de LitioMx 2026-2030 coloca el énfasis en investigación, materiales y desarrollo tecnológico, con la expectativa de que el país pueda avanzar hacia una mayor participación en las cadenas de valor relacionadas con baterías, movilidad eléctrica y almacenamiento energético.
Pero para que eso no se quede en puro papel, hará falta dinero, infraestructura, investigación y una estrategia industrial que tenga continuidad.
Desde la mirada del ciudadano, el reclamo es sencillo: si México tiene un recurso considerado estratégico, lo que se necesita es dejar de perder tiempo y convertir ese potencial en empleos, tecnología y desarrollo nacional.
Porque el mundo de las baterías corre a toda velocidad. El litio sigue siendo importante, el sodio viene empujando y China ya está jugando fuerte. México todavía tiene oportunidad de subirse al tren, pero cuatro años ya se fueron y el reloj sigue corriendo.
