Mezcaleros de Morelia exigen que los dejen jalar sin miedo al crimen

Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich., 11 de junio de 2025.- La raza mezcalera de las tierras altas del sur de Morelia ya se hartó. Y no es pa’ menos. Resulta que un grupo del crimen organizado los tiene entre la espada y el alambique, con amenazas, cobros de piso, robos y hasta asesinatos. No solo a ellos, sino también a los habitantes de Ichaqueo, Tumbisca, San Miguel del Monte, Jesús del Monte y otras rancherías vecinas, que desde hace más de ocho años vienen aguantando la vara de estos malandros armados.

Los productores de mezcal, muchos de ellos chambeadores de generaciones, exigen a gritos que el gobierno los voltee a ver y les garantice algo tan básico como poder jalar tranquilos sin que los maten por negarse a pagar cuotas. Y es que ya van tres agremiados asesinados en menos de un mes, todos de forma violenta y con clara marca del crimen organizado.

Uno de ellos fue Marco Antonio “C.”, de 55 años, quien fue rafagueado el pasado 5 de junio justo cuando salía de un gimnasio en Santa María de Guido. A este le siguió Sergio Rangel Vieyra, de 56 años, quien el 22 de mayo fue atacado junto con una señora de la tercera edad —que quedó gravemente herida— cuando iba de San Miguel del Monte hacia Piedras de Lumbre, por los rumbos donde colindan Morelia con Tzitzio. Y para rematar, un día después, el 23 de mayo, Daniel Rodríguez Montoya fue ejecutado en Queréndaro.

La cosa no es nueva, pero sí cada vez más brava. Desde hace ocho años, la gente viene denunciando cómo los malosos tienen controlada la zona: cobran cuotas, roban equipo, bajan la producción, espantan a los jóvenes y a punta de rifle, quieren ponerle precio a cada litro de mezcal que sale del cerro.

La respuesta oficial, como siempre, llegó tarde pero al menos ya se hizo algo. El gobierno estatal, a través del gober Alfredo Ramírez Bedolla, anunció la instalación de una Base de Operaciones Interinstitucional, que incluye al Ejército, la Guardia Nacional, la Guardia Civil y la Fiscalía estatal, en esa zona boscosa donde hay al menos una decena de comunidades con no más de 3 mil almas entre todas.

Según dijo el gobernador, esta región, que conecta a Morelia con Tzitzio y Madero por puras brechas, ya está bajo la lupa con operativos permanentes. Incluso reconoció que los últimos asesinatos “abrieron una ventana de oportunidad” para hacer las paces con la Policía de Morelia, con quienes traían pleito casado desde hace tres años.

Mientras tanto, el gremio mezcalero no se raja, pero tampoco piensa quedarse callado. Ya anunciaron una manifestación para exigir justicia, protección real y que se deje de proteger a los criminales desde las alturas.

El mezcal es cultura, tradición y sustento, no un negocio del narco”, soltó uno de los líderes, con lágrimas y coraje en los ojos.

Y es que como dice la banda del monte: “Si no nos cuidan, nos organizamos… pero no nos van a borrar”.