PULSO MICHOACANO

Michoacán, en el mapa del horror: más de 300 fosas clandestinas lo colocan entre los estados con más casos

Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 13 febrero 2026.- Aquí no hay manera de maquillarlo. Los números son fríos, pero el dolor que cargan quema. Michoacán se posiciona como uno de los estados con más fosas clandestinas en todo el país, de acuerdo con datos de las organizaciones civiles Data Cívica y Article 19. Hasta diciembre de 2024, el estado acumulaba más de 300 fosas usadas por el crimen organizado para desaparecer cuerpos y, con ellos, historias completas.

El análisis abarca de 2006 a 2024, años marcados por la violencia desatada tras la llamada “guerra contra el narco”. En ese periodo se documentaron hallazgos realizados por distintas instancias: 251 fosas localizadas por la Fiscalía del Estado, 48 por la Fiscalía General de la República y 179 registradas por la prensa. Sí, la prensa. Porque muchas veces son los reporteros y los colectivos quienes terminan encontrando lo que las autoridades no ven… o no quieren ver.

Los municipios más golpeados por esta tragedia no son cualquier ranchería perdida. En Uruapan se han contabilizado 51 fosas; en Morelia, 36; en Tarímbaro, 60 —el número más alto—; y en Jacona, 17. Pero el problema no está focalizado en cuatro puntos: la entidad registra fosas clandestinas en 68 de sus 113 municipios. Más de la mitad del estado tiene heridas abiertas bajo la tierra.

Según datos de la Fiscalía General de la República, Michoacán ocuparía el tercer lugar nacional en número de fosas clandestinas. Sin embargo, cuando se toman en cuenta los registros periodísticos y de organizaciones civiles, la posición cambia y podría colocarse hasta el noveno sitio. Esa disparidad no es un simple detalle técnico: exhibe un problema de fondo. Las cifras oficiales suelen ser menores que las que documentan colectivos y asociaciones, lo que deja la sospecha de que la búsqueda institucional no siempre es tan efectiva como debería.

Y mientras las autoridades discuten metodologías, las familias siguen escarbando con sus propias manos.

El informe también incluye dibujos realizados por familiares de personas desaparecidas: retratos hechos a pulso, recordando la ropa que llevaban el día que ya no volvieron. Camisas, tenis, mochilas. Esos trazos no son arte; son herramientas para reconocer restos humanos y tratar de cerrar, aunque sea un poco, la herida de la incertidumbre.

En los últimos dos años, 2023 y 2024, se localizaron 18 fosas clandestinas en Michoacán. Dieciocho puntos más donde alguien intentó enterrar el terror. Dieciocho cicatrices nuevas en un estado que parece acostumbrarse a vivir con la tierra removida.

Pero no debería ser normal. No puede ser normal que en 68 municipios haya rastros de entierros ilegales. No puede ser normal que las cifras varíen dependiendo de quién cuente los muertos. Y no puede ser normal que sean las madres, los padres y los hermanos quienes aprendan técnicas forenses a la fuerza.

Michoacán no solo aparece en el mapa por sus paisajes o su historia. También está marcado en rojo en los registros de fosas clandestinas. Y mientras no haya verdad completa ni justicia real, esa mancha no se va a borrar.