Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 25 junio 2026.- En un país donde muchas veces se dice que los niños “no entienden” de problemas públicos, este miércoles ocurrió lo contrario: fueron precisamente las niñas y los niños quienes, desde la tribuna del Congreso del Estado, pusieron sobre la mesa las fallas que viven todos los días en sus escuelas, colonias y comunidades.
Con la participación de 42 menores de todo Michoacán, se llevó a cabo el Parlamento Infantil Incluyente 2026, un ejercicio donde la voz de la niñez ocupó el Pleno legislativo para exponer preocupaciones que, aunque a veces se minimizan, reflejan la realidad cruda de un estado con carencias profundas en varios frentes.
Desde la mirada ciudadana, lo que se escuchó no fue un discurso decorado, sino una radiografía directa de lo que viven miles de familias: inseguridad, falta de espacios deportivos, problemas de salud mental, riesgos en redes sociales, discriminación y abandono institucional en temas básicos.
Uno de los puntos más repetidos fue el uso de la tecnología y las redes sociales. Las y los participantes advirtieron que, aunque forman parte de su vida cotidiana, también representan un riesgo si no existe orientación adecuada. Por ello, pidieron campañas de información en escuelas y una regulación más clara para evitar situaciones como la trata de menores y otros delitos digitales.
En materia de deporte, la queja fue clara: faltan espacios dignos. Las niñas y los niños señalaron que en muchas zonas no existen canchas adecuadas ni infraestructura suficiente para practicar actividad física, lo que limita su desarrollo y los mantiene alejados de actividades recreativas sanas. Propusieron más presupuesto, torneos escolares y competencias que involucren a todo el estado.
La inclusión también tuvo un lugar central en la tribuna. Se planteó la necesidad de adaptar escuelas para estudiantes con discapacidad, mejorar la accesibilidad y capacitar al personal docente en lengua de señas mexicana, con el fin de garantizar que nadie quede fuera del sistema educativo por falta de condiciones básicas.
El tema ambiental y el cuidado de los animales también apareció con fuerza. Entre las propuestas destacaron la instalación obligatoria de sistemas de captación de agua de lluvia en escuelas, así como el llamado a regular el entrenamiento de caballos únicamente por personal especializado. Además, se expuso la preocupación por la conservación del ajolote de Zacapu, especie en riesgo que, según dijeron, no debe desaparecer por descuido.
En el área de salud, las intervenciones tocaron un punto sensible: la atención a madres recientes y la salud mental. Se habló de la depresión post parto y de la necesidad de brindar acompañamiento médico y psicológico para evitar casos de abandono infantil y violencia, además de exigir que la salud deje de ser un privilegio condicionado por el dinero.
Desde la perspectiva legislativa, el ejercicio fue presentado como una muestra de apertura institucional. La 76 Legislatura reafirmó que este tipo de espacios permiten escuchar directamente a la niñez y convertir sus propuestas en posibles reformas o acciones de gobierno.
Sin embargo, más allá del acto protocolario, queda una lectura incómoda: muchas de las problemáticas expuestas no son nuevas ni desconocidas. La diferencia es que esta vez no las dijo un especialista ni un político, sino quienes las viven sin filtros ni discursos.
El reto ahora será si estas voces infantiles se convierten en políticas reales o si, como suele pasar, terminan archivadas como parte de un ejercicio simbólico más. Porque si algo quedó claro en el Congreso es que la niñez no habló en tono de juego: habló con la urgencia de quien ya está viviendo los problemas del presente.
