PULSO MICHOACANO

Otro plan de lengua para Michoacán

En la opinión de Manuel Maldía

Morelia, Mich., 10 noviembre 2025.- Dicen que ahora sí, que ya viene la paz para Michoacán. Que la presidenta Claudia Sheinbaum trae un plan nuevecito para que esta entidad deje de ser el campo de tiro del crimen organizado.

Y claro, como aquí somos bien crédulos, nos tragamos la píldora con todo y envoltura. Nomás que hay un detallito incómodo: esta pelicula ya la vimos tres veces.

¿No se acuerdan? Hace unas cuantas décadas Felipe Calderón llegó con su traje militar talla 42 regular y su supuesta guerra contra el narco. Y mire usted qué bonito terminó el asunto: en 2009 el llamado “Michoacanazo”, más de treinta funcionarios y políticos detenidos, titulares escandalosos… y al final todos libres, sin culpa. Los únicos perdedores: la credibilidad y los cadáveres que se acumularon como si fueran ofertas del Buen Fin.

Luego vino Enrique Peña Nieto, con su copete bien parado y su costumbre de leer lo que otros escriben. Él llegó en 2014 con la novedad de imponer un virrey: Alfredo Castillo, un comisionado plenipotenciario que mandaba más que el mismo gobernador. Y según eso, se iba a restaurar el poder del Estado mexicano. Ya ven: el Estado restauró el poder… pero de los mismos de siempre.

El llamado “Plan de Apoyo a Michoacán” anunciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en 2021, llegó envuelto en promesas de transformación y esperanza para un estado cansado de la violencia y el abandono. Sin embargo, más allá de los discursos y las visitas presidenciales, la realidad en las calles sigue oliendo a miedo y desesperanza. El plan, que incluía fortalecer la presencia de la Federación, apoyar al puerto de Lázaro Cárdenas y mejorar los programas sociales, no ha logrado desactivar las redes criminales que siguen controlando territorios y vidas enteras.

Ahora en 2025 nos dicen que el nuevo Plan Michoacán por la Paz y Seguridad de Claudia Sheinbaum será la solución definitiva.

¡Ándale! Porque lo más delicioso de la ironía es que ni siquiera se movió una sola pieza del tablero político. Siguen los mismos jugadores de siempre: los que han visto más cuartos oscuros que una funeraria y tienen más secretos que un confesionario en Semana Santa.

¿Qué paz puede ofrecer quienes viven de la violencia?

¿Qué justicia pueden prometer quienes le deben favores a la impunidad?

Porque si uno rasca tantito, nomás tantito, salen las relaciones inconfesables, los pactos no escritos, los apellidos de siempre. Y mientras tanto, el asesinato de Carlos Manzo fue la alarma que nos obligó a escuchar lo que hace años suena como disco rayado:

—“Ahora sí vamos a poner orden”.
—“Tengan confianza”.
—“Ya merito”.

Caray, si las promesas fueran bitcoins, aquí ya seríamos potencia mundial.

Pero póngale usted atención al detalle: este nuevo plan no vino acompañado de una sola renuncia, un solo despido, una mísera investigación de fallas. Nada. Aquí todo mundo se queda:

—El que se hace tonto.
—El que se hace el valiente.
—Y el que de plano es parte del problema.

Y claro, en los discursos opinan que todo es culpa de “los otros”

Pero nadie habla de quienes permitieron, facilitaron o se beneficiaron del asesinato de Carlos Manzo y
de que Michoacán se convirtiera en la joya de la corona del crimen organizado.

Porque para esta clase política, la paz es como esos muebles armables: solo existe en el folleto.

Mientras tanto…

El pueblo sigue enterrando a sus hijos, y el gobierno sigue enterrando la verdad.

El pueblo se queda sin líderes, y el gobierno se queda sin vergüenza.

El pueblo pregunta “¿hasta cuándo?”, y el gobierno contesta “hasta que voten por nosotros otra vez”.

Ya lo decía Manuel Buendía, con una lucidez que hoy retumba en las tumbas y los expedientes archivados:

“En México, la verdad es peligrosa; la mentira, rentable.”

Aquí lo rentable es seguirnos tratando como si nada pasara.
Como si el crimen organizado fuera un invento del chairo o del fifí que no sabe callarse.

Así que sí: el Plan para la Paz existe… pero solo en la boca de los que viven escoltados.

En resumen:

Calderón falló.

Peña Nieto falló.

López Obrador falló

Y ahora Sheinbaum repite el truco.

¿Cuál es la expectativa?

Si haces lo mismo con los mismos… solo puedes esperar el mismo desastre.

Pero no se preocupe:

cuando todo vuelva a estallar, nos van a salir con otro plan.
Igualito.

Y otra vez de lengua.