Por Miguel Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 10 septiembre 2026.- Este 10 de septiembre será inaugurada en Uruapan la tercera etapa de rehabilitación del Paseo de la Revolución, una obra que presume una inversión de 60 millones de pesos de recursos estatales y que promete darle una nueva cara a una de las vialidades importantes del municipio.
La intervención abarca 800 metros lineales, en el tramo comprendido entre La Pinera y Zumpimito, donde se colocó concreto hidráulico que, según las autoridades, está diseñado para soportar durante más tiempo el tránsito vehicular, incluido el transporte pesado.
En el papel, la obra trae de todo. Se anuncian 13 cruces seguros, más de 140 bolardos, ciclovía, banquetas, rampas peatonales, guías podotáctiles, iluminación, señalamiento y paradas para el transporte público. También se contemplaron trabajos en las redes de agua potable, drenaje pluvial y descargas domiciliarias.
Suena bastante bien, pero el ciudadano que vive en Uruapan seguramente tiene una pregunta mucho más sencilla: ¿cuánto tiempo va a durar en buenas condiciones?
Porque después de tantos años de obras, reparaciones, baches y vialidades que apenas son arregladas cuando ya requieren otra intervención, los 60 millones de pesos no deberían medirse solamente por la fotografía de la inauguración. Tendrán que medirse por el estado de la calle dentro de uno, tres o cinco años.
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad, encabezada por María Elena Huerta, sostiene que esta tercera etapa forma parte de un modelo de calles completas, donde se busca que el espacio público no sea exclusivo de los automovilistas y también se garantice la movilidad de peatones, ciclistas y usuarios del transporte público.
La idea puede ser positiva, especialmente en una ciudad donde desplazarse no siempre resulta sencillo. Pero una calle completa necesita algo más que pintura, bolardos y banquetas nuevas. Tiene que ser segura, funcional y respetada por automovilistas, transporte público y autoridades.
Los 13 cruces seguros tendrán que demostrar precisamente eso: que las personas puedan atravesar la vialidad sin jugarse el pellejo. Las rampas y guías podotáctiles, por su parte, tendrán que mantenerse libres de obstáculos y en buenas condiciones, porque construir accesibilidad para después dejarla abandonada sería solamente gastar dinero para cumplir con una foto.
La obra también incorpora una ciclovía, una medida que puede beneficiar a quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte. Pero, nuevamente, el verdadero examen estará en la operación cotidiana. De poco servirá tener infraestructura para ciclistas si termina invadida por vehículos, comercio o estacionamientos improvisados.
Otro punto que merece atención son los trabajos de agua potable y drenaje. La rehabilitación contempla infraestructura básica precisamente para evitar que una vialidad nueva termine deteriorándose rápidamente por problemas que pudieron atenderse desde el principio.
Eso representa una diferencia importante, aunque también genera una exigencia mayor. Si se invirtieron 60 millones de pesos y se intervinieron redes de servicios, lo razonable es esperar que la obra tenga una vida útil prolongada y no que en poco tiempo comiencen nuevamente las excavaciones, las reparaciones y los parches.
La Sedum asegura que esta intervención se apega a los principios de la Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de Michoacán, con prioridad para la accesibilidad universal, seguridad, inclusión y distribución equitativa del espacio público.
Ahora falta lo más importante: que esos principios se cumplan cuando la vialidad sea utilizada todos los días.
La tercera etapa del Paseo de la Revolución se suma a otras intervenciones estatales en Uruapan, entre ellas trabajos en el Boulevard Industrial, con la intención de ampliar las alternativas de movilidad y conectar infraestructura vial, transporte público, movilidad no motorizada y recuperación de espacios públicos.
Para el ciudadano, sin embargo, la historia no termina con el corte del listón. Apenas empieza.
Porque los funcionarios pueden presumir millones invertidos, metros rehabilitados y cantidad de infraestructura instalada, pero quien realmente va a calificar la obra será el ciudadano que tenga que caminar por esas banquetas, cruzar esos pasos peatonales, utilizar el transporte público, circular en bicicleta o atravesar la zona en automóvil.
Y ahí no habrá discurso que valga.
Si la vialidad aguanta, mejora la circulación y los espacios públicos se conservan, habrá que reconocer que el dinero fue bien utilizado. Si en cambio aparecen baches, desperfectos, inundaciones, obstáculos o problemas de movilidad en poco tiempo, entonces habrá que preguntar qué falló y quién se hará responsable.
Por lo pronto, Uruapan tendrá una nueva etapa del Paseo de la Revolución. La promesa es grande y la inversión también. Ahora toca esperar que los resultados duren mucho más que la ceremonia de inauguración.
