Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 5 septiembre 2026.– Mientras las obras del Morebús siguen moviendo tierra y cambiando el paisaje de la ciudad, la raza también anda al pendiente de que los árboles trasplantados no terminen pagando los platos rotos. Por eso, la Secretaría del Medio Ambiente (Secma) y la Comisión Forestal de Michoacán (Cofom) acompañan técnicamente a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad (Sedum) para revisar que los ejemplares se adapten y tengan mayores posibilidades de sobrevivir.
Y es que una cosa es mover un árbol y otra muy distinta lograr que agarre bien en su nuevo lugar. Durante el trasplante se prepara la cepa de acuerdo con el tamaño del cepellón, esa bola de tierra y raíces que se saca junto con el árbol, además de incorporar composta y construir cajetes para que el agua de la lluvia y los riegos no se vaya nomás de paso.
La chamba no termina cuando el árbol queda plantado. Los ejemplares atraviesan una etapa de adaptación y recuperación, por lo que se mantiene un monitoreo constante, con riegos de auxilio cuando la humedad no alcanza y la aplicación de enraizadores en las dosis técnicas necesarias para ayudar a que las raíces vuelvan a establecerse.
Desde la mirada del ciudadano, lo importante es que estos árboles no se queden abandonados después de la foto y la maquinaria. El trasplante representa un estrés fuerte para cualquier ejemplar, y por eso puede perder parte o todo su follaje, verse decaído o bajar temporalmente su vigor. Eso, por sí solo, no significa que ya se haya secado.
La explicación es sencilla: el árbol primero tiene que recuperar y fortalecer sus raíces antes de volver a echar brotes. Con agua a tiempo, hidrogel para conservar humedad, fertilizantes de lenta liberación y seguimiento técnico, los ejemplares pueden recuperar poco a poco su fuerza y volver a llenarse de hojas.
Así que, mientras avanzan las obras del Morebús, también toca exigir que el arbolado reciba la atención necesaria. Porque si se trata de mejorar la movilidad de Morelia, que sea sin dejar de lado el verde que le da sombra, vida y respiro a la ciudad.
