Por M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 14 enero 2026..- Mientras acá uno anda contando los pesos para que alcance la quincena, en Detroit el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió echarle más leña al fuego del comercio en América del Norte. Desde la cuna de la industria automotriz, la famosa Motor City, Trump minimizó el T-MEC y soltó que para su país “no hay ninguna ventaja real” en ese acuerdo con México y Canadá.
La declaración cayó como balde de agua fría justo el mismo día en que se publicaba el dato de inflación de cierre de 2025. Y no fue cualquier comentario: el T-MEC entra en revisión obligatoria este año y, si no se renueva antes del 1 de julio, podría quedar en revisiones anuales hasta 2036 o, de plano, morirse.
Trump dijo sin rodeos que Canadá es el más beneficiado y que Estados Unidos “no necesita” los productos de sus vecinos. Incluso aseguró que podrían dejar morir el acuerdo y que “no importaría”. Así, sin anestesia.
Desde el barrio se entiende fácil: México y Canadá sí necesitan el T-MEC, sobre todo por la industria automotriz. Aquí se fabrican y ensamblan miles de autos y autopartes que terminan vendiéndose en Estados Unidos. Romper el acuerdo sería como patear la mesa donde todos comen.
Aunque expertos ven sus palabras como una estrategia de presión, la advertencia está clara. Trump quiere fabricar todo en casa y usar el acuerdo como moneda de cambio. Ya lo había demostrado imponiendo aranceles a productos mexicanos y canadienses con el pretexto del fentanilo, aunque luego tuvo que recular y exentar lo cubierto por el tratado.
El propio director de Ford, Jim Farley, reconoció que los beneficios arancelarios a Japón le dieron a Toyota una ventaja de hasta 10 mil dólares por vehículo frente a las marcas estadounidenses. Por eso, Ford y otras armadoras presionan a la Casa Blanca para renegociar el acuerdo y no perder terreno.
Trump, fiel a su estilo, remató diciendo que el T-MEC le importa poco y que “ellos lo quieren más”, refiriéndose a México y Canadá. En pocas palabras: el trato está en la mesa, pero con la pistola del comercio apuntando.
Desde este lado de la frontera, la preocupación es real. Si el T-MEC se cae, no solo tiemblan las armadoras: tiemblan miles de empleos, cadenas de suministro y economías completas. Y todo, mientras los tres países se preparan para organizar juntos el Mundial de Futbol 2026.
Así está el panorama: Trump juega duro, el T-MEC tambalea y México vuelve a quedar en medio de una partida donde las fichas pesan más que las palabras.
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