PULSO MICHOACANO

Busca diputada blindar la Feria de la Conserva como patrimonio: entre el orgullo dulce y el olvido que acecha

Por M. Angel Villa Juárez

Morelia, Mich. 19 junio 2026.-En el Congreso local se armó movimiento de ese que suena bonito en el discurso, pero que en la calle se siente lejano: la diputada Teresita Herrera Maldonado anda empujando una iniciativa para que la Feria de la Conserva de Ciudad Hidalgo quede declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Michoacán, como si con un papel se pudiera amarrar lo que la modernidad va deshilachando sin prisa pero sin pausa.

La idea, dicen, es proteger una de las tradiciones más sabrosas y antiguas del oriente michoacano: la conserva de frutas en almíbar y cristalizadas, esa que huele a feria, a cuaresma, a calles llenas de azúcar pegada en los dedos. Pero detrás del discurso institucional también se cuela la preocupación de siempre: si no se reconoce, se pierde; si no se impulsa, se apaga.

La legisladora asegura que esta tradición nació en Ciudad Hidalgo y con los años se regó por el estado como mancha dulce, volviéndose emblema gastronómico. Pero también reconoce lo obvio, lo que a veces se dice bajito: las costumbres ya no aguantan solas, la modernidad las arrincona, y los jóvenes cada vez miran menos hacia esos oficios que antes daban vida a familias enteras.

En el armado de la iniciativa participaron actores locales, como la Dirección de Turismo del Ayuntamiento de Hidalgo encabezado por Jeovana Alcántar Baca, además de Graciano Alcántar Padilla, la cronista municipal Bety Zamudio, así como productores y artesanos que todavía le meten el hombro a la tradición.

La feria, que se celebra cada año en Semana Santa, sigue siendo un punto de encuentro donde se exhiben frutas en almíbar, cristalizadas y otros antojos que parecen resistirse al paso del tiempo. Pero la resistencia no siempre es eterna; a veces es apenas una costumbre sostenida por pura terquedad y nostalgia.

Al final, la propuesta suena a intento de ponerle candado a algo que ya está en riesgo de fuga. Porque la cocina michoacana dice es identidad que se come, pero también es memoria que, si no se cuida en serio, termina deshaciéndose como azúcar en agua caliente.