Por Miguel Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 10 septiembre 2026.- Con un discurso que puso a la juventud michoacana como protagonista del presente y no como la eterna promesa del futuro, Karla Lagunes, presidenta del Parlamento Juvenil Incluyente 2026, llamó a los participantes a levantar la voz, debatir sin miedo y presentar propuestas capaces de transformar la realidad del estado.
Durante la inauguración del encuentro en el Congreso del Estado de Michoacán, Lagunes reconoció a los diputados y al comité organizador de la Comisión de Jóvenes y Deporte por abrir espacios de participación, además de dar la bienvenida a las familias, docentes y colectivos que acompañaron a los participantes.
El mensaje fue claro: los jóvenes no quieren ser solamente invitados de honor para tomarse la fotografía y escuchar discursos. Quieren participar, opinar y ser tomados en cuenta.
Lagunes sostuvo que las nuevas generaciones provenientes de las distintas regiones de Michoacán no representan solamente el futuro, sino un presente activo que ya tiene responsabilidades y capacidad para modificar su entorno.
Y ahí está precisamente el detalle que cualquier ciudadano mexicano puede poner sobre la mesa. Si los jóvenes son el presente, como afirma la presidenta del Parlamento Juvenil, entonces habrá que demostrarlo con hechos y no solamente con micrófonos, aplausos y ceremonias dentro del Congreso.
El Parlamento Juvenil fue planteado como un espacio de escucha activa y construcción de propuestas. Los participantes tendrán la oportunidad de trabajar en dos vertientes principales: iniciativas de ley y proyectos sociales.
En materia legislativa, los jóvenes podrán abordar asuntos relacionados con salud mental, educación, derechos humanos, inclusión, medio ambiente, equidad de género y empleo digno.
Sobre el papel, la agenda suena amplia y necesaria. Son precisamente algunos de los problemas que todos los días enfrentan miles de jóvenes michoacanos, desde quienes buscan empleo hasta quienes tienen dificultades para continuar estudiando o acceder a servicios de salud.
La otra vertiente corresponde a proyectos sociales enfocados en el desarrollo local, la cultura, el fortalecimiento del tejido social y la tecnología.
La intención es que las propuestas no se queden solamente en la discusión parlamentaria y puedan convertirse en acciones que tengan impacto en las comunidades.
Sin embargo, desde la mirada de un ciudadano desconfiado, la pregunta inevitable es qué sucederá con esas propuestas cuando termine el Parlamento Juvenil.
Porque en México sobran foros, consultas, mesas de trabajo y ejercicios de participación ciudadana que terminan archivados en algún cajón. Lo verdaderamente complicado es conseguir que una propuesta pase del discurso a la realidad.
Por eso, el Parlamento Juvenil tendrá que enfrentar una prueba importante. No solamente deberá demostrar que los jóvenes pueden debatir y formular iniciativas, sino que los legisladores tendrán que demostrar que están dispuestos a escuchar lo que ahí se plantee.
Lagunes invitó a los participantes a debatir con valentía, construir alianzas y asumir que desde su participación ya se convierten en agentes de cambio para Michoacán.
El llamado tiene fuerza, pero también implica una responsabilidad. Si los jóvenes van a ser considerados agentes de cambio, tendrán que exigir que sus ideas sean evaluadas con seriedad y no utilizadas solamente para adornar un evento institucional.
Michoacán enfrenta problemas que requieren nuevas ideas y, sobre todo, resultados. La juventud tiene mucho que decir sobre educación, empleo, seguridad, medio ambiente, tecnología, cultura, derechos humanos y oportunidades de desarrollo.
Por eso, el Parlamento Juvenil Incluyente 2026 puede ser una buena oportunidad, siempre y cuando la participación no termine cuando se apaguen los reflectores.
Los jóvenes ya están hablando. Ahora falta saber si quienes ocupan las curules realmente van a escuchar.
Porque si el lema es Incluyente: tu voz, tu futuro, el ciudadano espera que esa voz no se quede encerrada en el pleno del Congreso. Que llegue a las comisiones, a las iniciativas, al presupuesto y, sobre todo, a las calles y comunidades donde los problemas siguen esperando respuestas.
El reto está planteado. Los jóvenes tendrán que demostrar que pueden hacer política de otra manera y los diputados tendrán que demostrar que no solamente saben organizar parlamentos juveniles, sino también escuchar y convertir las mejores propuestas en decisiones que sirvan a la gente.
Porque discursos ya hemos escuchado demasiados. Lo que falta son resultados.
