PULSO MICHOACANO

La verdad sobre la vitamina C: lo que nos han dicho y lo que la ciencia confirma

Por: M. Ángel Villa Juárez

Morelia, Mich. 17 de agosto 2026.-Desde hace muchísimos años nos han dicho lo mismo: que para no enfermarse de gripa o resfriado hay que tomar mucha vitamina C, y que mientras más, mejor. Esa creencia se nos metió en la cabeza desde los años setenta y sigue corriendo de boca en boca hasta hoy. Pero ahora la ciencia nos pone las cosas claras y resulta que lo que nos enseñaron no es del todo cierto.

Todo empezó cuando un científico de mucho renombre, dos veces Premio Nobel, llamado Linus Pauling, publicó un libro donde aseguraba que debíamos consumir entre mil y dos mil miligramos diarios para estar sanos y alejar los resfriados. Su idea venía de un estudio hecho con niños en un campamento de esquí allá en los Alpes suizos, y de ahí se dispararon las ventas de vitamina C como si fuera agua bendita. El problema es que años después, al revisar aquellos trabajos, se descubrió que los ensayos estaban mal hechos y las conclusiones no eran confiables. De aquella recomendación, la evidencia resultó ser bastante débil.
Hubo una sola excepción donde sí se notó algún beneficio: en personas que se esfuerzan al máximo en condiciones duras, como corredores de maratón, esquiadores o soldados en climas helados. Para el resto de nosotros, la vitamina C no evita que nos enfermemos.
Lo que sí se ha comprobado hoy en día es que, si la tomamos de manera habitual antes de caer enfermos, puede ayudar a que los síntomas sean un poco menos fuertes: se ha visto una reducción de entre el 8 y el 15 por ciento en la gravedad del malestar. Pero ojo, aquí viene lo importante: empezar a tomarla cuando ya nos sintiéramos mal no sirve de nada. No cura ni acorta el resfriado si la tomamos cuando ya tenemos los síntomas.
Y también nos equivocamos en las cantidades. Mientras Pauling recomendaba hasta dos mil miligramos al día, hoy se sabe que basta con mucho menos: unos 90 mg para hombres y 75 mg para mujeres. Con decirles que con media naranja, un tercio de un vaso de jugo o unas florecitas de brócoli ya cubrimos lo necesario. Esa cantidad que se nos antoja tan pequeña es suficiente; todo lo demás es de más.
Pasarse de la raya tomando dosis altas no nos hace más fuertes ni nos protege mejor. Al contrario, puede causarnos diarrea, náuseas y cólicos, y en casos más raros hasta problemas en los riñones o exceso de hierro en la sangre. Así que ya lo sabemos: la vitamina C es necesaria y buena, pero no es la medicina milagrosa que nos prometieron. Comer frutas y verduras frescas cada día nos da todo lo que necesitamos, y gastar en botellas con dosis enormes no es solo innecesario, sino que hasta puede hacernos daño.