Por: M. Ángel Villa Juárez
Morelia, Mich. 17 de agosto 2026.-Una investigación periodística ha puesto al descubierto algo que duele y mucho: dos hombres identificados como líderes del cártel La Familia Michoacana resultan ser dueños de huertas de aguacate aquí en nuestro estado, mismas que cuentan con todos los papeles en regla y permisos para exportar su producto hasta China. Así lo dio a conocer el diario El Universal, y la verdad es que deja a cualquiera con la boca abierta y la sangre revuelta.
Se trata de José de Jesús Méndez Vargas, conocido como “El Chango”, y de Manuel Fernández Valencia, a quien le dicen “La Puerca”. Entre los dos aparecen como dueños de nada menos que quinientas hectáreas repartidas en cincuenta huertas ubicadas en cinco municipios de Michoacán. Todo registrado a su nombre ante la Secretaría de Agricultura, y con permiso de venta al extranjero desde febrero de 2020, teniendo como uno de sus principales destinos el país asiático.
Lo más sorprendente de todo es que ambos llevan años tras las rejas. “El Chango”, que fue uno de los fundadores de esa organización criminal, fue detenido allá por 2011, condenado a 45 años de prisión, y el año pasado fue extraditado a Estados Unidos donde ahora enfrenta juicio por tráfico de cocaína y metanfetaminas. Por su parte, “La Puerca” llegó a ser socio cercano de Joaquín “El Chapo” Guzmán; fue detenido en 2010, extraditado también al vecino del norte, y en 2016 fue condenado en Chicago a 27 años de cárcel.
Y aunque están presos y alejados de aquí, eso no ha sido impedimento para que aparezcan como dueños legítimos de tierras que cada año envían toneladas de aguacate al extranjero, ganando dinero de negocios que parecen completamente limpios por fuera. Según se ha venido sabiendo, no son los únicos: otros personajes ligados al crimen han invertido lo que se cree que es dinero del narco en comprar tierras para sembrar limones, melones y otros productos, convirtiendo negocios legales en otra forma de engrosar sus cuentas.
Esto nos hace pensar mucho: que gente con ese historial pueda aparecer como dueña de tierras, obtener permisos de exportación y hacer negocios internacionales como si nada, cuando todos sabemos quiénes son y de dónde vienen sus riquezas. Al final, lo que duele es ver que el nombre de nuestros productores honrados, que se levantan de madrugada y trabajan la tierra con sudor y esfuerzo, se vea mezclado con negocios que parecen haber nacido de otra clase de trabajo, y que pasan por debajo de las narices de quienes debían cuidar que esto no ocurriera.
