Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 27 abril 2026.- Cuando muchas veces al deporte universitario se le aplaude poquito y se le exige mucho, el equipo femenil de voleibol de sala de la Universidad Michoacana ya dio el primer golpe en la mesa: consiguió su pase a la fase regional de la Universiada 2026 y ahora va por el boleto nacional.
Las jugadoras nicolaitas no se echaron a descansar ni se fueron a celebrar de más. Apenas sellaron la clasificación y de inmediato regresaron a entrenar, porque saben que lo bueno apenas empieza y que en estas competencias nadie regala nada.
La entrenadora Yadira Ayala señaló que el equipo está motivado por avanzar una vez más a la siguiente etapa y enfocado en prepararse para el reto que viene. También destacó que la fase regional podría realizarse en Morelia, lo que pondría a las universitarias en casa, con su gente y con la presión natural de responder frente a su banda.
Y es que jugar en casa puede ser ventaja, pero también compromiso. No es lo mismo rifársela lejos que hacerlo con la tribuna esperando resultados. Ahí se ve de qué está hecho un equipo.
La siguiente ronda no será paseo en domingo. Enfrente estarán representativos de estados como Jalisco, Colima y Nayarit, entidades que suelen llegar con buen nivel y planteles trabajados. En pocas palabras: la cosa se pone pesada.
Sin embargo, desde el conjunto nicolaita hay confianza en que la disciplina, el trabajo diario y el juego colectivo puedan inclinar la balanza. Las jugadoras saben que no basta con talento; se necesita aguante, concentración y corazón para sacar partidos cerrados.
Para la comunidad universitaria, este avance también significa algo importante: demostrar que la UMSNH no sólo compite en aulas y laboratorios, también pelea espacios en la cancha. Y eso vale, porque muchas veces el deporte estudiantil sobrevive más por terquedad y pasión que por grandes apoyos.
Ahora la misión está clara: defender la casa, plantarse con carácter y buscar el pase a la Universiada Nacional. Si mantienen el ritmo y no se achican ante rivales bravos, las nicolaitas pueden seguir escribiendo una buena historia.
Porque en el voleibol, como en la vida de barrio, el punto no cae solo: se pelea hasta el último toque.
