Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 11 mayo 2026.- Mientras afuera la ciudad sigue atorada entre el tráfico, el calor, los pleitos políticos y la rutina que exprime al ciudadano de diario, dentro del Centro Cultural Clavijero todavía queda un rincón donde el tiempo parece aflojar el paso. Ahí sigue viva “Noomateria”, la exposición del artista michoacano Roberto Carrillo, una propuesta que mezcla pintura, filosofía y paisaje con una intensidad que no pasa desapercibida.
Pero aguas: ya son los últimos días para verla. La muestra estará abierta solamente hasta el próximo 24 de mayo en la Sala 2 del recinto cultural moreliano.
Y la verdad es que no se trata de la típica exposición donde uno entra, mira cuadros bonitos y se sale igual que como llegó. Aquí la cosa va distinta. “Noomateria” le apuesta a moverle algo al espectador, aunque sea tantito. Son más de 20 piezas donde el paisaje deja de ser postal decorativa para convertirse en algo casi vivo, cambiante, inquieto, como si respirara frente a la raza que recorre la sala.
Entre óleos, transparencias, texturas y capas de color que parecen flotar unas sobre otras, Carrillo construye escenarios donde la naturaleza se siente más emocional que realista. Hay referencias claras a sitios de Michoacán como La Zirimbo y La Zararácua, pero reinterpretadas desde una visión menos turística y más introspectiva, casi como recuerdos alterados por la memoria o los sueños.
Uno entra pensando que verá paisajes y termina topándose con atmósferas raras, profundas, medio cósmicas. Porque además la exposición toma inspiración de Solaris, esa obra de ciencia ficción donde un planeta viviente desafía la lógica humana y confronta a quienes intentan entenderlo. Esa influencia se siente en toda la muestra: colores que parecen moverse, espacios ambiguos y una sensación constante de que la materia misma está observando al visitante.
En tiempos donde mucha banda vive pegada a las pantallas, consumiendo imágenes rápidas que duran segundos, “Noomateria” obliga a detenerse. Y eso ya es casi un acto de resistencia cultural. Porque aquí no hay algoritmos ni videos de quince segundos; hay contemplación, silencio y preguntas incómodas sobre la relación entre el ser humano y su entorno.
La exposición también confirma el peso artístico de Roberto Carrillo, quien ha llevado su trabajo a más de 90 exposiciones nacionales e internacionales en espacios importantes como el Museo Cabañas, el Museo de Arte de Brasilia y el Museo Banco de México. La curaduría corre a cargo de Paola J. Jasso, quien logra darle orden y profundidad a una muestra que juega constantemente entre lo tangible y lo abstracto.
La Secretaría de Cultura de Michoacán mantiene abierta la invitación para que la ciudadanía aproveche estos últimos días. Y la neta vale la pena darse una vuelta. Porque en medio de tanta bronca cotidiana, todavía existen espacios donde el arte puede sacudir un poco la cabeza y recordarle a la banda que no todo en la vida tiene que pasar corriendo.
