Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 21 mayo 2026.- Mientras las calles de Bolivia siguen calientes entre marchas, bloqueos y choques con las fuerzas de seguridad, el expresidente Evo Morales salió a meterle más gasolina al debate político al asegurar que el descontento popular no nació por capricho, sino por el golpe económico que —según él— está recibiendo la gente más pobre bajo el nuevo gobierno conservador.
En entrevista con RT, Morales describió lo que ocurre en Bolivia como una “rebelión” del movimiento popular, indígena y social contra el modelo neoliberal que, afirma, intenta imponer el presidente Rodrigo Paz.
Según el exmandatario, el problema explotó porque las medidas económicas y los ajustes aplicados por el gobierno terminaron cargándole la mano a las clases populares, mientras el costo de vida sigue pegando duro en los bolsillos de la banda trabajadora.
“A mí me echan la culpa”, reclamó Morales, rechazando las acusaciones que lo señalan como operador de las protestas. El exlíder boliviano insistió en que él no convocó las movilizaciones y que actualmente ni siquiera dirige organizaciones sociales nacionales.
Pero más allá de deslindarse, Morales aprovechó para tundir políticamente al gobierno de Paz, asegurando que en apenas seis meses perdió autoridad y gobernabilidad por incumplir promesas de campaña y provocar conflictos internos dentro del propio poder.
Uno de los puntos más delicados, según el exmandatario, es la fractura política entre el presidente y el vicepresidente Edmand Lara, quienes —afirmó— prácticamente ya ni se hablan, luego de que un decreto presidencial le quitara atribuciones al segundo al mando.
Mientras arriba se pelean por el poder, abajo la gente lleva más de dos semanas entre bloqueos, reclamos salariales, falta de combustible y protestas contra decisiones del gobierno, como la polémica derogación de la ley de tierras.
En varias ciudades bolivianas las manifestaciones crecieron tanto que ya no solo piden soluciones económicas, sino incluso la renuncia del presidente y parte de su gabinete, en medio de enfrentamientos y denuncias de represión policial.
Por su parte, el presidente Rodrigo Paz insistió en mantener abiertos espacios de diálogo con organizaciones sociales, aunque recientemente causó polémica tras llamar “vándalos” a ciertos grupos involucrados en disturbios y daños a infraestructura pública.
Después tuvo que salir a aclarar que se refería específicamente a quienes destruyen propiedad pública o privada y golpean personas durante las protestas.
Mientras el país sigue dividido y la tensión no baja, Evo Morales lanzó una propuesta que ya comenzó a mover el tablero político boliviano: convocar a nuevas elecciones en un plazo de tres meses, argumentando que la crisis actual refleja una pérdida total de gobernabilidad.
Y así, entre discursos cruzados, calles bloqueadas y enojo social acumulado, Bolivia vuelve a entrar en uno de esos momentos donde la política deja de vivirse en oficinas y termina estallando directamente en la calle.
