Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 06 julio 26.— Contestar una llamada de un número desconocido parece algo de todos los días, pero un simple descuido puede convertirse en la puerta de entrada para que los delincuentes vacíen cuentas, roben identidades o se apoderen de la cuenta de WhatsApp.
Especialistas en ciberseguridad advierten que existen dos cosas que nunca deben decirse durante una llamada de origen desconocido: la palabra “sí” y el código de verificación de WhatsApp. Aunque parezcan respuestas inofensivas, ambas pueden ser utilizadas por estafadores para cometer fraudes.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE), los delincuentes recurren cada vez más a técnicas de ingeniería social para manipular a las personas y obtener información que después utilizan para cometer delitos.
Uno de los métodos más comunes consiste en llamar haciéndose pasar por empleados de bancos, compañías telefónicas, empresas de paquetería o dependencias gubernamentales. Durante la conversación realizan preguntas cuidadosamente elaboradas para provocar que la víctima responda con un “sí”.
Ese pequeño audio puede ser grabado y posteriormente utilizado como supuesto consentimiento para autorizar contratos, realizar operaciones financieras o contratar servicios sin que la persona lo sepa.
Los especialistas explican que algunos sistemas todavía utilizan la validación por voz, lo que permite a los delincuentes manipular grabaciones para intentar suplantar la identidad de las víctimas.
Otro de los riesgos más graves aparece cuando los estafadores solicitan el código de verificación que WhatsApp envía mediante mensaje de texto al intentar registrar una cuenta en otro dispositivo.
Si el usuario proporciona ese código, prácticamente entrega el control total de su cuenta. Los delincuentes pueden acceder a conversaciones privadas, contactos, fotografías, archivos e incluso utilizar el perfil para engañar a familiares y amigos con nuevas estafas.
WhatsApp ha reiterado que ese código es completamente personal y nunca debe compartirse con nadie, sin importar que quien lo solicite asegure ser trabajador de la empresa, de un banco o de alguna autoridad.
Los expertos señalan que los delincuentes perfeccionan constantemente sus estrategias y aprovechan la confianza, el miedo o la urgencia para presionar a las personas y hacerlas actuar sin pensar.
Incluso suelen mencionar datos personales obtenidos de redes sociales o de filtraciones de información para hacer creer que realmente representan a una institución oficial.
Desde la perspectiva del ciudadano, estas modalidades de fraude dejan una enseñanza muy clara: hoy no basta con desconfiar de los correos electrónicos sospechosos; también hay que tener cuidado con las llamadas telefónicas. Un simple “sí” o compartir un código de seguridad puede convertirse en el inicio de un verdadero dolor de cabeza, con pérdidas económicas, robo de identidad y el secuestro de cuentas personales.
La mejor recomendación sigue siendo la más sencilla: si el número es desconocido, evite proporcionar información personal, no confirme datos sensibles y jamás comparta códigos de verificación enviados a su teléfono.
