Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 08 mayo 2026.- Mientras afuera la ciudad anda correteada entre tráfico, estrés, pleitos políticos y bolsillos vacíos, dentro de la Casa de la Cultura de Morelia todavía sobreviven rincones donde la banda puede detenerse tantito a pensar, sentir y recordar. Ahí, entre muros viejos cargados de historia, se presentan las exposiciones “Mentiras piadosas”, de Raquel Palominos, y “De la roca ígnea, nació una casa”, de Emilia Solís, dos muestras que buscan sacudir emociones y poner sobre la mesa eso que muchas veces la vida diaria obliga a esconder.
La Secretaría de Cultura de Michoacán informó que ambas exposiciones permanecerán abiertas al público hasta el próximo 10 de mayo y la entrada será completamente gratuita, algo que no cae nada mal en tiempos donde hasta respirar en algunos espacios culturales parece privilegio de unos cuantos.
Las obras se encuentran instaladas en las salas Efraín Vargas y Jesús Escalera de la Casa de la Cultura, ese edificio que para muchos morelianos sigue siendo una especie de refugio entre tanto concreto, ruido y abandono institucional que luego se siente en otros rincones de la ciudad.
La exposición “Mentiras piadosas” reúne 13 piezas donde Raquel Palominos juega con la percepción, los recuerdos y las historias personales. Son trabajos que no buscan darle todo masticado al espectador, sino más bien aventarlo a un terreno incómodo donde cada quien carga con sus propias memorias, sus heridas y hasta sus propias mentiras disfrazadas de tranquilidad.
Porque sí, en esta ciudad muchas veces la gente aprende a sobrevivir diciendo “todo está bien” aunque por dentro cargue un incendio completo. Y justamente por ahí parece caminar la propuesta artística de Palominos: mostrar que las emociones también tienen grietas y máscaras.
Por otro lado, Emilia Solís presenta “De la roca ígnea, nació una casa”, una exposición compuesta por 34 obras donde el territorio, la naturaleza y el hogar se mezclan como si fueran recuerdos enterrados bajo piedra volcánica. La artista explora la construcción de identidad desde lo íntimo, desde lo femenino y desde esos espacios donde uno intenta encontrar raíces aunque el mundo se esté cayendo a pedazos.
Las piezas conectan materiales, texturas y símbolos que remiten a la tierra, al origen y a la memoria familiar. Y en una época donde mucha gente vive desplazada emocionalmente, brincando de problema en problema y sintiendo que ya no pertenece a ningún lado, estas exposiciones terminan pegando distinto.
Ciudadanos que han recorrido las muestras comentan que las obras no son solamente “bonitas para la foto”, sino experiencias que obligan a detenerse y mirar con calma, algo que ya casi nadie hace porque todos andan pegados al celular, al reloj o al pendiente de cómo sobrevivir la semana.
La Casa de la Cultura de Morelia se ubica sobre la avenida Morelos Norte 485, en pleno Centro Histórico, y aunque el edificio lleva años siendo uno de los espacios culturales más concurridos de la capital michoacana, todavía hay mucha raza que no se anima a entrar pensando que el arte “no es para ellos”. Pero la realidad es otra: estas exposiciones hablan precisamente de la vida cotidiana, de la memoria del barrio, de las ausencias, de las heridas y de lo que cada quien carga aunque no lo diga.
Porque a veces el arte sirve justo para eso: para recordarle a la gente que todavía siente algo, aunque allá afuera el mundo se empeñe en volver todo frío, rápido y desechable.
