Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 22 abril 2026.- Mientras Estados Unidos mantiene presión militar en Oriente Medio y el mundo trae el ojo puesto en cualquier chispa que pueda prender más fuego, este miércoles tronó otra bomba política dentro del Pentágono: renunció con efecto inmediato John Phelan, secretario de la Armada estadounidense.
La salida fue confirmada por voceros del Departamento de Guerra, quienes informaron que el subsecretario Hung Cao asumirá de manera interina el mando de la Marina. Oficialmente se agradeció el servicio prestado, pero en los pasillos del poder la historia se ve menos elegante.
Medios estadounidenses señalan que Phelan llevaba meses en choque con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, por diferencias de personal, estilo de mando y decisiones internas. Traducido al lenguaje de la calle: había pleito arriba, jaloneo pesado y alguien terminó saliendo por la puerta.
El movimiento ocurre semanas después de que también fuera removido el jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George, sin explicaciones claras. Eso deja la imagen de un Pentágono movido, con grilla interna y cambios acelerados justo cuando el horno internacional no está para bollos.
Versiones difundidas por periodistas cercanos al círculo trumpista aseguran incluso que Phelan se enteró de su salida por redes sociales, una escena que parece de vecindad mal organizada, pero en la estructura militar más poderosa del planeta.
Desde la óptica ciudadana, preocupa que mientras se habla de bloqueos navales, tensiones con Irán y posibles escaladas bélicas, en Washington anden más ocupados acomodando sillas y tumbando funcionarios que dando señales de estabilidad.
Cuando una potencia cambia mandos en plena crisis, el mensaje no siempre es fortaleza. A veces significa división, nerviosismo o desorden. Y si allá se mueven mal las piezas, el impacto lo termina pagando medio mundo en petróleo caro, mercados locos y más incertidumbre global.
Por ahora, la Armada de Estados Unidos cambia de capitán en medio de aguas turbulentas. Nada tranquilizador.
