POR M. ANGEL VILLA JUÁREZ
Morelia, Mich. 22 abril 2026.- Pos no a todos les brilló la inauguración. Mientras el gobierno presume el teleférico como símbolo de progreso, la Comisión Reguladora del Transporte de Michoacán (CRTM) salió a tundir el proyecto y aseguró que esa obra es más simulación que modernidad.
Encabezados por su dirigente José Trinidad Martínez Pasalagua, concesionarios del transporte público afirmaron que el teleférico responde más a intereses políticos y de imagen que a las verdaderas necesidades de movilidad de la gente.
Según su postura, la modernidad no se trata de hacer obras vistosas para la foto, sino de resolver los problemas diarios de miles de ciudadanos que siguen esperando camión, combi o ruta en malas condiciones.
Los transportistas señalaron que el proyecto no resuelve el problema estructural del transporte público, ya que solo cubre un corredor limitado y no atiende la demanda real de la mayoría de usuarios, quienes continúan dependiendo del sistema concesionado tradicional.
Además, reclamaron que no hubo inclusión del sector en la toma de decisiones y exigieron transparencia total sobre costos, planeación técnica y uso de recursos públicos.
Uno de los puntos más duros de la crítica fue citar el propio Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable (PIMUS) de Uruapan 2022, documento oficial que, aseguran, establece que el eje principal de la movilidad debe ser el transporte público colectivo y una reestructuración integral del sistema.
Es decir, según la CRTM, ni los estudios gubernamentales respaldan vender el teleférico como la gran solución, sino apenas como una opción complementaria.
También advirtieron sobre riesgos como altos costos de inversión y operación, posible dependencia permanente de subsidios, dudas sobre la demanda real y poco impacto profundo en el problema urbano.
En otras palabras: temen que sea una obra cara, vistosa y políticamente rentable, pero insuficiente para cambiar el día a día del ciudadano que batalla para moverse.
Para los concesionarios, la verdadera modernidad debería incluir renovación de unidades, cobertura en colonias populares, tecnología de prepago, control de flota, rutas ordenadas y mejor servicio generalizado.
Y ahí está el choque de visiones: de un lado, el gobierno vendiendo cabinas y panorámicas; del otro, transportistas diciendo que la calle sigue igual de tronada.
Al final, el ciudadano nomás quiere una cosa sencilla: moverse rápido, seguro y barato. Si eso llega por aire o por tierra… ya será otra discusión.
