Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 29 abril 2026.- Arrancó el Encuentro Estatal de Danza 2026 y, pa’ variar, el mero epicentro fue el Teatro Melchor Ocampo, ese recinto que a veces parece reservado pa’ unos cuantos, pero que ahora abrió las puertas sin cobrar un peso, como quien dice: “pásele, aquí hay cultura aunque no traiga ni pa’l camión”.
La cosa la echó a andar la Secretaría de Cultura de Michoacán, en el marco del Día Internacional de la Danza, y según la titular, Tamara Sosa Alanís, el evento busca juntar lo que se mueve en el estado: desde el zapateado tradicional hasta las ondas contemporáneas y urbanas que traen los chavos.
Y sí, no es puro rollo: el programa está atascado de propuestas, unas más pulidas que otras, pero todas con ganas de rifársela en el escenario. En la inauguración desfilaron nombres como Regina López, Kiara Yáñez, Arturo Rodríguez y colectivos que van desde lo folclórico hasta lo experimental. Hay de todo, como en mercado: ballet, danza árabe, urbana, polinesia… un verdadero revoltijo de estilos que refleja cómo anda el asunto cultural en Michoacán, medio disperso, pero bien vivo.
Según la versión oficial, las agrupaciones fueron elegidas con criterios “técnicos y de diversidad”, lo que en palabras de calle significa que trataron de no dejar fuera ni a los de siempre ni a los nuevos, aunque ya se sabe que en estos procesos nunca faltan los que se quedan con cara de “a mí ni me pelaron”.
El encuentro sigue hasta el 29 de abril con funciones de 6 a 8 de la noche, horario accesible pa’ la banda que sale de chambear o de la escuela. Y lo mejor —o lo más rescatable, dirían algunos— es que todo es gratis. En una ciudad donde cualquier evento cultural luego parece lujo, este tipo de espacios se agradecen, aunque sea por unos días.
Eso sí, no todo es miel sobre hojuelas. Mientras adentro del teatro se celebra la diversidad artística, afuera la realidad sigue pegando: falta de apoyos constantes, espacios limitados y una escena cultural que sobrevive más por terquedad que por política pública sólida. El evento luce, sí, pero también deja ver que el impulso a la danza sigue siendo intermitente, como si sólo se acordaran de ella cuando hay fechas conmemorativas.
Aun así, la raza responde. El público llegó, se sentó, aplaudió y, aunque sea por un rato, se olvidó del ruido de la calle. Porque cuando la danza prende, no importa si es folclor, jazz o bellydance: el cuerpo habla y el barrio escucha.
