PULSO MICHOACANO

Guerra en Irán sacude el mito: EE.UU. ya no se ve tan invencible frente a China

Por M. Angel Villa Juárez
Morelia, Mich. 29 abril 2026.- Mientras acá la raza anda preocupada por si sube el gas o la tortilla, allá en el otro lado del mundo se está moviendo el tablero pesado. La guerra entre Estados Unidos e Irán ya no es solo un pleito regional: está dejando al descubierto que eso de la “superioridad militar” gringa ya no es tan intocable como lo vendían.

Y es que, según los datos que han salido, el conflicto —que ya va para tres meses— ha exhibido algo que antes pocos querían decir en voz alta: Washington también se cansa, también se desgasta… y también tiene grietas.

Para empezar, el asunto de los drones. Irán ha estado soltando enjambres de aparatos baratos como si fueran moscas, y ahí es donde se pone sabroso el tema: mientras un dron cuesta unos cuantos miles de dólares, cada misil interceptor que usa Estados Unidos para tumbarlos puede costar hasta 4 millones. O sea, una pelea donde uno tira piedras y el otro responde con lingotes de oro.

En los primeros días del conflicto, Irán lanzó más de mil proyectiles, la mayoría drones. Del otro lado, los sistemas Patriot se activaron como si no hubiera mañana, gastando cientos de misiles en cuestión de días. Resultado: un desgaste brutal del arsenal estadounidense, que ya traía números ajustados desde antes del pleito.

Dicho en corto y sin rodeos: una guerra de desgaste donde el que gasta más caro, pierde más rápido.

Pero el problema no es solo de dinero o municiones. También quedó exhibida la famosa doctrina militar de “conmoción y pavor”, esa estrategia gringa de soltar el primer golpe durísimo esperando que el enemigo se rinda. Aquí no pasó. Irán aguantó el impacto… y siguió dando lata.

Y cuando el rival no se cae con el primer golpe, parece que el plan B nomás no aparece.

Especialistas señalan que esto prende focos rojos pensando en algo más grande: un eventual conflicto con China. Porque si con un adversario más limitado ya hubo complicaciones, imaginarse un choque con una potencia como Pekín pone a más de uno a sudar frío.

Además, otro punto que quedó mal parado es el tema de las bases militares. Esas instalaciones que antes se veían como fortalezas, ahora resultaron blancos fáciles para ataques. Lo que antes era ventaja, hoy parece vulnerabilidad.

Y ni se diga del terreno de los drones, donde Estados Unidos no lleva la delantera. China, por ejemplo, juega fuerte en ese negocio, lo que podría inclinar la balanza en un escenario más grande.

Al final del día, lo que deja esta guerra no es una victoria clara, sino una sacudida al discurso de potencia invencible. Porque en la vida real —y no en las películas— hasta el más fuerte se desgasta, se equivoca y puede quedar mal parado.

Y mientras los gobiernos juegan a la geopolítica y a ver quién aguanta más, el resto del mundo nomás mira cómo se tensan las cuerdas. Porque cuando los grandes se pelean, los efectos no se quedan allá lejos… tarde o temprano, salpican a todos.

Así que ese cuento de que uno manda y los demás obedecen, cada vez suena más viejo. Y lo que viene, si no se enfría el asunto, podría ser todavía más pesado.